lunes, 18 de febrero de 2019

El gran genetista provida Jérôme Lejeune


Se van a cumplir 25 años de la muerte del doctor Jerome Lejeune... su ejemplo como científico, católico y defensor de la vida puede inspirar a muchas personas
Este año se va a celebrar un cuarto de siglo (el 3 de abril) de la muerte del gran genetista católico Jérôme Lejeune. Fue una gran figura de la ciencia y la investigación médica, y un ejemplo de católico defensor de la vida. Todo el mundo se enriquecerá al conocerlo mejor. Hay al menos 7 razones por las que es una gran figura de los últimos cien años.
1. Fue el descubridor del origen genético del síndrome de Down
Desde sus inicios como investigador, allá por los años cincuenta, Lejeune se interesó por el síndrome de Down, un trastorno cuyo origen era entonces un auténtico misterio. Algunos lo asociaban a la sífilis; otros culpaban a las madres. Con todo, a Lejeune no le asustaba el reto. Guiado por su director de tesis, Raymond Turpin, descubrió que los dermatoglifos, las configuraciones de los surcos de la piel en las manos, eran diferentes en las personas con síndrome de Down si se los comparaban con el resto de la población. Estimulado por este hallazgo, le confesó a su mujer: “en uno o dos años habré comprendido el mecanismo”. Y así ocurrió.
Turpin y Lejeune ficharon para su equipo a Marte Gautier, que había aprendido en Estados Unidos técnicas avanzadas de cultivo celular y microscopía. Tras un gran trabajo colaborativo entre los tres, Jerôme por fin consiguió contar un cromosoma de más en el cariotipo de un individuo con síndrome de Down. Este hallazgo coronaba su carrera.
Con solo treinta y un años había descubierto que una mala distribución del patrimonio hereditario genera como consecuencia un trastorno en el individuo. Los resultados se publicaron el 16 de marzo de 1959. Se analizaron células de cinco niños y cuatro niñas con síndrome de Down. En todas las muestras de buena calidad se contaron 47 cromosomas.
2. Algunos lo consideran el padre de la genética moderna
El descubrimiento del origen genético del síndrome de Down no fue un hecho aislado. En 1963 demostró una vez más su gran habilidad al averiguar que también existían personas con un cromosoma de menos: en concreto halló la monosomía del cromosoma 5. Por humildad, al contrario que la práctica habitual, el genetista galo no quiso poner su apellido a este trastorno y lo llamó síndrome del maullido de gato, aunque no pudo evitar que a menudo se le cite como enfermedad de Lejeune.
El genetista francés también colaboró en el conocimiento del síndrome 18q, una monosomía que reportó el francés Jean de Grouchy en 1964 y cuyo síndrome clínico asociado describió Lejeune en 1966.
Asimismo, Lejeune descubrió en 1968 el síndrome en el que un cromosoma con forma de anillo sustituye al cromosoma 13, en 1969 identificó la trisomía 8, mientras que con la ayuda de la doctora Marie Odile Rethoré, fiel colaboradora suya, hizo lo propio con la trisomía 9 en 1970.
3. Recibió infinidad de premios pero no el Nobel... quizá por ser provida
Los premios no tardaron en llegar: en Estados Unidos el Pellman y el de la Fundación Kennedy, en Francia la medalla de plata del CNRS y el Jean Toy de la Academia de Ciencias, en España el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Navarra.
Con motivo de otro galardón, el William Allan Memorial Award, Lejeune se había dado cuenta de que la mayoría de los médicos que participaban en la ceremonia le admiraban porque gracias a su descubrimiento podían practicar la amniocentesis, es decir, la extracción de tejido del feto para determinar si una persona presentaba trisomía y poder abortarlo. En algunos países hoy no se deja nacer a ningún bebé con síndrome de Down.
Lejeune se revolvió contra esta barbarie y pronunció un discurso políticamente incorrecto: “La naturaleza del ser humano está contenida tras la concepción en el mensaje cromosómico, lo que le diferencia de un mono o de un pato. Ya no se añade nada. El aborto mata al feto o embrión, y ese feto o embrión, se diga lo que se diga, es humano”.
Poco después se expresó de una manera similar ante la ONU. Y continuó liderando la lucha por la defensa de la vida en todo el mundo, lo que no le produjo ningún beneficio en cuanto a su popularidad. Se convirtió en un apestado para muchísimos sectores de la sociedad, hasta el punto de que algunos historiadores opinan que no recibió el Premio Nobel por este motivo.
4. Sufrió agresiones personales y respondió con paciencia y coraje
Abanderar la lucha por la defensa de la vida le produjo problemas incluso en el terreno personal. Durante una conferencia que impartió el 5 de marzo de 1971 en la Mutualité, un centro parisino destinado a charlas, congresos y meetings políticos, unos asaltantes entraron con barras de hierro y pegaron a bastantes personas, entre las que se hallaban disminuidos psíquicos y ancianos. Jerôme y su mujer, que le acompañaba aquella vez, se libraron de los golpes, pero no de una serie de tomatazos que recibieron. Hasta un trozo de carne de buey impactó en la cara del padre de la genética moderna. Los manifestantes también arrojaron menudillos al mismo tiempo que gritaban que los fetos no eran más que trozos de carne. Solo se detuvieron al intervenir la policía.
En otras ocasiones, la agresión consistía en el insulto y la descalificación. Pero Lejeune no perdía la compostura. Desarmaba a sus rivales con su tranquilidad, su paciencia y su valentía a la hora de exponer sus ideas. Además no se lo tomaba como algo personal: “no combato contra las personas sino contra las falsas ideas”. Tampoco faltaron pintadas en las calles: “Lejeune es un asesino”, “Muerte a Lejeune y a sus pequeños monstruos”.
5. Colaboró con San Juan Pablo II por la ciencia y la vida
La valentía y el buen hacer del brillante científico francés no dejo indiferente a Juan Pablo II, que se convirtió en un gran amigo suyo. Lejeune, que perteneció a la Academia Pontificia de Ciencias durante 20 años, fue designado por el Papa como el primer presidente de la Academia Pontificia para la Vida, cuyos objetivos son estudiar, informar y formar sobre los principales problemas de biomedicina y derecho, relativos a la promoción y a la defensa de la vida.
También cabe destacar que el mismo día en que se produjo el atentado contra Juan Pablo II, Lejeune comenzó a sufrir unos dolores tan agudos que le trasladaron a un hospital. El impacto que supuso para Lejeune la desagradable noticia del atentado provocó una acumulación de piedras en su vesícula. Lo realmente sorprendente es que le operaron a la misma hora en que intervenían a Juan Pablo II. Sus hijos sostienen que fue una comunión de santos, como si Jérôme cargara con parte del dolor del Papa.
6. Mediador entre EEUU y la URSS en plena la Guerra Fría
Lejeune alcanzó un puesto en la ONU como experto sobre los efectos de la radiación atómica en genética humana. Allí desempeñó un papel notable como mediador entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría. No era agresivo, ni altivo, ni grosero como los demás. Poseía un estilo que hacía gracia a quienes asistían a esas reuniones. Este carácter conciliador le llevó a jugar un papel decisivo durante la peligrosa crisis nuclear de los euromisiles de 1981 que llevó a ambas potencias a una escalada de tensiones.
El Vaticano, muy preocupado por el asunto, envió mediadores a cinco países clave: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y, el más complicado, la Unión Soviética. Para este último, confiaron en Lejeune y otros dos investigadores.
Durante la cena que se sirvió en los aposentos de líder soviético, Brézhnev, Lejeune narró una bella historia: “Hace mucho tiempo, tres sabios partidos de Oriente visitaron a un poderoso príncipe. Habían observado signos en el cielo, anunciando, pensaban ellos, una buena noticia: la paz sobre la tierra a los hombres de buena voluntad. Aproximadamente dos mil años más tarde, científicos venidos de Occidente se pasan por la casa de un hombre muy poderoso. Ahora la historia es diferente. Pues nosotros sabemos que si por desgracia aparecen en el cielo signos desencadenados por los hombres, no será ya el anuncio de una buena noticia sino el de una masacre de inocentes.”
A pesar del ateísmo oficial del régimen, los anfitriones entendieron enseguida a qué se refería, y el discurso les gustó. Los tres sabios de occidente —se da la circunstancia de que eran genetistas— le presentaron a Brézhnev un cúmulo de datos sobre los efectos que podría acarrear una guerra nuclear en la población y lograron pacificar la situación internacional.
7. Muy posiblemente será beatificado
Uno de los aspectos más destacados del genetista galo fue su gran humanidad. Como médico atendió a más de ocho mil personas con síndrome de Down, a los que trataba como a sus hijos. Se sabía el nombre de todos y a muchos de sus padres les hacía recuperar la dignidad perdida. Su hijo no era un monstruo, era un regalo, un hijo amado de Dios como lo somos todos los demás. Les atendía por teléfono a veces también de noche. Una de sus hijas también destaca de su padre que era un catecismo viviente, es decir, que predicaba con el ejemplo. Y una de las muchas pruebas de la humildad del genio francés fue que su hija se tuvo que enterar de que su padre era famoso a través de una profesora de su colegio.
Tampoco se puede ocultar el impresionante gesto que Lejeune tuvo la noche de su fallecimiento. Llevaba meses con un cáncer de pulmón y, como buen médico que era, sabía que se iba a morir. Así que no dijo nada y pidió a sus familiares que le dejaran dormir solo. Les quería evitar lo que vivió con su padre, que murió ante sus propios ojos también de cáncer de pulmón. Durante la madrugada sufrió la agonía. Uno de sus colegas le acompañó y, cuando vio que se encontraba muy mal, le informó de que iba a llamar a su mujer. Pero Lejeune le suplicó que no lo hiciera. Unas horas más tarde, el padre de la genética le confesó: “Ve, he hecho bien”. Y expiró.
Jérôme Lejeune nos dejó como legado nos dejó la Maison Tom Pouce (la Casa de Pulgarcito), que asiste a mujeres embarazadas o madres con un bebé de pocos meses, y la Fondation Lejeune, centrada en investigación genética y en atención de personas afectadas por el síndrome de Down o por una enfermedad genética de la inteligencia. Tal vez algún día sea su patrono, pues la causa para su beatificación avanza lenta pero satisfactoriamente.

Ignacio Del Villar Fernández / ReL. 2019

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lunes, 5 de marzo de 2018

Todo es más fácil con una sonrisa


Esta frase me ha acompañado durante gran parte de mi vida; especialmente en los momentos en los que no me apetecía sonreír. Parece una contradicción, lo sé, pero cuando te enfrentas a situaciones que sobrepasan tu voluntad, es, precisamente, tu voluntad lo que debe marcar la diferencia.

Me llamo Luis, aunque para lo que vengo a contar poco importa. Nací, con un problema renal. Mis riñones estaban inflamados a consecuencia de una obstrucción de mis uréteres. En ese momento no estaba claro que fuera a salir adelante; tanto es así que mis padres, criados ambos en la tradición católica, hicieron que me dieran la unción de los enfermos; con lo que no contaban es con que ese bebé quería vivir. En fin, la situación se solventó avocando los uréteres a piel, de forma que hacía pis por el costado.

A consecuencia del problema con el que nací mi niñez siempre ha estado marcada por la enfermedad: revisiones constantes, pruebas poco propias para los niños y operaciones tan variadas como frecuentes. Debo reconocer que los únicos recuerdos de mi niñez que conservo son felices, que no puedo usar otra palabra para describir mi infancia que no sea alegría y que el sentimiento que más percibí fue amor. El amor más incondicional que existirá jamás: el amor de mis padres. Ha sido el amor el hilo conductor de mi vida y la alegría mi mejor defensa.

En la adolescencia tuve que volver a someterme a múltiples operaciones. Mi problema había vuelto, y con más fuerza que nunca. De nuevo, mis uréteres se obstruyeron, de nuevo, múltiples intervenciones. Laparoscopia, cirugía invasiva, cirugía mayor ambulatoria, entre otros, fueron los conceptos que aprendí gracias al regreso de lo que hubiera sido una pesadilla si no fuera por el amor y la alegría.

Pero ocurrió algo contra lo que ni el amor ni la alegría podían luchar. En una de las intervenciones a las que fui sometido apareció un polizón: una infección que se desarrolló hasta convertirse en septicemia. En este momento, de nuevo, las ganas de vivir de ese chaval de 17 años en el que hoy prácticamente ni me reconozco, me salvaron. Pero el daño ya estaba hecho… Afectó tanto a mis ya dañados riñones que todo se apresuró hacia el abismo. Mi capacidad renal, ya muy disminuida, menguaría cada vez más. Aprendí un nuevo concepto: diálisis; esa sombra que me perseguiría amenazante hasta conseguir atraparme en sus garras. Si existe la sombra, la oscuridad, es porque existe la luz. Siempre hay que buscar esa luz. En mi caso, fui iluminado por mi familia, los mejores amigos que jamás se podrán tener y por una fuerza interior que me obligaba a no rendirme.

Y de repente la bombilla se fundió
Jamás olvidaré una fecha: 24 de mayo de 2015. Hay muchas fechas que marcan tu vida en lo emocional: el día de tu graduación, el día que te enamoras por primera vez, etc. Pero pocas fechas condicionan tu vida tanto emocional como físicamente. Una fecha, 24 de mayo de 2015, en la que empezaría una larga travesía. La sombra que me había perseguido desde los 17 años consiguió alcanzarme. Ese día, 24 de mayo de 2015, recibí, estando en la oficina, la peor llamada: entré en el programa de hemodiálisis de un Hospital. Desde ese día, 24 de mayo de 2015, mi vida empezó a depender de una máquina.

Mi forma de vida había cambiado radicalmente. Es difícil explicar lo que se siente cuando te limitan tanto. Por poner un ejemplo que el lector pueda entender: trasladémonos al mes de julio en Madrid. Calor, mucho calor. Ahora imaginemos que no está permitido beber más de un vaso, de unos 200 mililitros, de líquido. Sed, mucha sed. Pero no es ésta la única limitación que existe: la alimentación es muy restrictiva, la actividad física controlada, el estado físico nada óptimo, la capacidad de viajar casi inexistente y el tiempo, ese gran subestimado, completamente acotado por las cuatro horas al día de sesión. Ahora pensemos en que esto le pasa a una persona con 27 años…

Pero esa sombra no venía sola. Tuvieron que practicarme una nefrectomía, un nuevo concepto que aprendía gracias a la enfermedad. Y poco después me detectaron una enfermedad rara denominada Síndrome Hemolítico Urémico Atípico (mi organismo destruye mi propia sangre, por decirlo resumido). Tercera vez en la que, a pesar de todo, salí adelante por unas ganas inquebrantables de vivir.

El 05 de enero de 2017, otra fecha que sí recuerdo, pasé de hemodiálisis a diálisis peritoneal. Esto implicaba un discreto aumento de la libertad en cuanto a la ingesta de líquidos, una ligera mejora de la capacidad de viajar y, en general un leve incremento de la calidad de vida. Al menos, ya no tenía que ir al hospital 4 horas al día 3 días en semana; a cambio, tenía que conectarme a una máquina entre 9 y 10 horas al día. Evidentemente, aprovechaba las noches.

Bombillas fundidas, sombras, oscuridad… Un cóctel peligroso. No obstante, es por la noche, cuando todo está oscuro, cuando se empieza a soñar. Del mismo modo, fue en ésta época cuando descubrí más sobre mí mismo de lo que jamás habría pensado. Fue entonces cuando empecé a distinguir lo que es realmente importante de lo que no. Fue el momento en el que más amé y más fui amado.

En este punto vital acuñé la frase con la que he empezado este artículo: Todo es más fácil con una sonrisa. Sonreía cuando me esforzaba en salir con mis amigos para no perder contacto, aunque no me encontrara bien; sonreía cuando mi familia me preguntaba cómo estaba, sonreía cuando me sentía solo y abatido, sonreía con cada plan en el que no podía participar, sonreía cuando iba a trabajar casi con total normalidad (llevándome, incluso, el portátil a la sala de diálisis para no interrumpir mi labor por culpa de la enfermedad), sonreía por no preocupar a nadie, sonreía cuando estaba a punto de derrumbarme; en definitiva, sonreía porque tenía motivos para sonreír: mi novia, mi Maca, ella es luz. Mi hermana, Esperanza, poco más que decir con ese nombre. Mi otro hermano sin serlo, Dani. Mis padres, siempre al pie del cañón. Mis amigos, el CS, más que amigos son hermanos. La empresa en la que trabajo, siempre respetando mis tiempos. Y yo mismo, resistencia y positivismo, me he mantenido a flote. Nunca me he dejado vencer por la enfermedad.

Lo curioso de la oscuridad es que se define como ausencia, o falta de luz. No tiene definición por sí misma. Llegó otra fecha, otra de las que condicionan tu vida física y mentalmente, otra de esas fechas que no se olvidan: 3 de octubre de 2017. Y con ella, otra vez en la oficina, llegó otra llamada. El 3 de octubre de 2017 mi larga travesía llegaba a su fin. Había un riñón compatible conmigo, mi riñón, mi retorno a la libertad, mis alas, mi regreso a la realidad. Ese día, 3 de octubre de 2017, la luz llegó para quedarse.

Volví a nacer el 3 de octubre de 2017 con un trasplante renal. Te escribo a ti, que estás recorriendo la más larga travesía, a ti, que estás rendido y casi agotado, a ti, que aún no has nacido.

Sé que el horizonte parece inalcanzable, soy consciente de que sientes que no tienes fuerzas para seguir, conozco tu sensación de soledad. No intentes alcanzar el horizonte… ponte metas que cruzar. No desistas, apóyate en los que te quieren; ama mucho y deja que te amen, pero sobretodo busca en tu interior la fuerza para continuar; está ahí, oculta, deseando que la encuentres. Sólo estás solo si quieres estarlo; busca quien te pueda entender… No va a ser tu familia, ni tus amigos, ni tu pareja, ni tu entorno en general; ellos te aman pero si no lo viven nunca sabrán por lo que estás pasando. Hay quien sí lo sabe… Dios.

No te entregues a la enfermedad. Esfuérzate en mantener tus hábitos de vida (dentro de lo posible), disfruta de pequeños placeres y valora todo lo que tienes por encima de lo que no tienes. Sobre todo, no olvides que la vida siempre merece la pena, merece la pena pelear por conservarla, luchar por mejorarla y combatir por vivirla.

Cuando la luz se apague y todo esté en penumbra, entonces, sueña. Cuando tus sombras te alcancen y no puedas ver a tu alrededor, entonces, tan sólo camina. Cuando no puedas más y caigas rendido al suelo, entonces, levántate, en el fondo sabes que puedes hacerlo. Cuando seas golpeado, entonces, aprende a esquivar los golpes. Cuando te sientas solo, entonces, piensa en mí.

Te regalo mi frase: Todo es más fácil con una sonrisa. Esta frase te va a acompañar durante gran parte de tu vida; especialmente en los momentos en los que no te apetezca sonreír. Parece una contradicción, lo sé, pero cuando te enfrentas a situaciones que sobrepasan tu voluntad, es, precisamente, tu voluntad lo que debe marcar la diferencia”.

Luis Vendrell /  Gta. 2018

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viernes, 9 de diciembre de 2016

Despierta del coma un bebé que los médicos querían desconectar

Ante la situación irreversible de la enfermedad de la pequeña, el comité de ética del hospital de Niza consideró desconectarla de la máquina que la mantenía con vida, algo a lo que sus padres se negaron desde el principio.

Marwa es el nombre de la pequeña que con tan solo un año ha dado una lección de supervivencia al mundo entero. Desde el pasado mes de septiembre, el bebé ingresó en el hospital de Timone (Niza) por un extraño virus que estaba afectando a sus capacidades neurológicas, por lo que los médicos se vieron obligados a inducirle el coma.
Puesto que la pequeña no mejoraba, el comité de ética del hospital francés consideró que la enfermedad de la pequeña no tenía solución, y los médicos llegaron a la decisión unánime de desconectarla, algo a lo que sus padres se negaron desde el principio y, por ello, decidieron llevar el caso a los tribunales.

La justicia se puso del lado de los padres y el pasado 16 de noviembre ordenaron que un equipo de tres neurólogos evaluase la situación de Marwa. Sin embargo, los expertos no tuvieron que hacer mucho, ya que la pequeña abrió los ojos y despertó del coma cuando parecía que todo estaba perdido.

Cabe destacar que alrededor de 100.000 personas habían firmado una petición para que los médicos no desconectaran a Marwa, y fue entonces cuando el Tribunal Supremo ordenó al centro médico que siguieran cuidando a la pequeña.

"Estoy muy feliz de haber movido cielo y tierra para ver esa pequeña sonrisa que echaba tanto de menos... Mi Marwa te extraño y te amo", contó el padre de la criatura a través de las redes sociales.



A.M-B / Gta. 11-2016 

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jueves, 1 de diciembre de 2016

Rusia, China y Filipinas vetan el apoyo a los “derechos” LGTBI en la cumbre de la APEC


Se ha celebrado en Lima el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC por sus siglas en inglés). En la declaración final se produjo el intento de la administración de Obama de incluir una referencia que apoyara los supuestos “derechos” de la comunidad LGTBI. La misma fue vetada por varios países.


 (InfoC., Nov. 2016) Los gobiernos de varios países se opusieron a incluir en la declaración final del acuerdo de Lima la frase «velar por los derechos de la población vulnerable de la comunidad LGTBI». Entre dichos países destacan Rusia, China y Filipinas, que impidieron que se cumpliera el deseo de EE.UU, que en la práctica equivalía a pedir el reconocimiento legal de las uniones homosexuales.

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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Obsesión por la vida

No es de extrañar pues que alguien escuche alguna vez que esa especialización en la defensa de la vida de los no nacidos es una obsesión contraproducente y quasi enfermiza.
Pero nosotros predicamos a Cristo, piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles (1 Corintios, 1, 23)

¿Qué tendrá el Evangelio de la Vida que le sienta fatal no sólo al mundo, sino también, y no en menor medida, a amplios sectores de la Iglesia? Es muy revelador que el mundo le haya ido arrebatando a la Iglesia amplios campos de acción, como el de la caridad (a la que el mundo ha rebautizado como solidaridad) por disputarle a ésta el monopolio de la bondad, del que gozó en exclusiva durante muchos siglos.

Revelador incluso que la Iglesia no haya retrocedido ni un palmo en ese campo, sino que por «sintonizar» con el mundo se haya limitado a adaptarse a la nueva denominación. ¿Y cuál ha sido la táctica de la Iglesia en la defensa de la vida? Pues maravíllense, como va frontalmente contra el sentir del mundo, parte de la jerarquía de la Iglesia, evita comparecer en la batalla con que la ha retado el mundo en este campo.

Efectivamente, el mundo detenta el monopolio doctrinal sobre la vida y la familia, sin que la Iglesia haya puesto en juego todo su peso para combatir esa monstruosidad. Mientras el Estado en todo el mundo que llaman desarrollado lucha frontalmente contra la vida y contra la familia, la respuesta de la Iglesia es tan tenue, tan sutil, tan prudente y tan timorata, que causa rubor en muchos católicos. Y en otros, escándalo.

¿Y eso por qué? Pues porque la parte de la Iglesia, que se codea con el alto mando del Estado, cree que por guardar la ropa, ha de dejar de nadar (¡es sólo una cuestión táctica!), así ha de ser: porque de ese modo se evitan roces con ese Estado que lucha frontalmente contra la vida, sobre todo en el llamado Primer Mundo. Tacto lo llaman. Blanquean el nombre y así preservan la pulcritud de su conciencia.

Obsesión
Los defensores de la vida, víctimas de una obsesión enfermiza?. A lo mejor hasta tienen razón, porque esa percepción coincide con la de los enemigos de la doctrina de la Iglesia al respecto. Nos llaman «ultracatólicos», porque se han hecho a la idea de que a un católico normal, civilizado…, no se le ocurre defender la causa de la vida y de la familia, en la tele, en la calle, delante de los abortorios, ni menos con esa ostentación. Claro, un católico normal, estándar, un católico de los que comprenden las razones que hacen el aborto, si no bueno y santo, sí comprensible, según, no se obsesiona con esas cosas.

Un “cristiano normal”, según,  entiende muy bien lo del aborto y la eutanasia por compasión. El que no lo entiende es un fanático lunático y peligroso con el que no se puede hablar. A un “cristiano normal”, según,  no le molesta en absoluto que se practiquen abortos (casi exclusivamente los de alto riesgo, es decir los infanticidios de niños a punto de nacer) en hospitales, incluso, vinculados a la Iglesia (como sucede, por ejemplo, en España): de referencia mundial en cuanto a su altísima tecnología; y en cuanto a su bajísima moral. Pero eso ni le molesta ni le preocupa, según, a un “cristiano normal”. Pues eso sucede en los mejores hospitales y hasta en las mejores familias.

No es de extrañar que, incluso, algún sacerdote escuche alguna vez de su obispo que esa especialización en la defensa de la vida de los no nacidos es una obsesión contraproducente. No hay carisma que valga en este punto. El mismo P. Frank Pavone presidente internacional de Priests for Life fue sancionado por el obispo de Amarillo en Texas. Con la excusa de una mala administración de los fondos de su asociación, pretendía confinarle al silencio de un convento mientras duraba una investigación a todas luces inacabable. Hubo de recurrir el P. Frank a la Congregación del Clero que acabó -¡por fín!- exonerándolo de todo cargo. Pero su calvario fue monumental. El aborto no es una cuestión meramente de creencias -decía- sino que se trata de un derramamiento de sangre; no es simplemente sobre puntos de vista sino sobre víctimas. ¡Otro obsesionado!

Tan obsesionado como el Papa Juan Pablo II canonizado y puesto en la vitrina para que no moleste: -Cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne (cf. Jn 1, 14), es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura (cf. Mc 16, 15).

Tan obsesionado como la Madre Santa Teresa de Calcuta, alabada por sus obras de caridad, pero censurada por su obsesiva e insistente denuncia del abominable crimen del aborto (Gaudium et spes, 51): -El aborto mata la paz del mundo… Es el peor enemigo de la paz, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento.

Tan obsesionado como el Dr. Jerome Lejeune, el científico que descubrió el cromosoma del síndrome de Down y fue perseguido con saña por defender la vida y rechazar el aborto. En 1971 realizó un discurso en el National Institute for Health y después de esto mandó un mensaje a su esposa: -Hoy he perdido el premio Nobel. En el discurso se refirió al aborto diciendo: -Ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte.

¡Bendita la obsesión de todos esos hombres y mujeres santos que renunciaron al aplauso del mundo para luchar en una terrible e incómoda batalla! La Vida contra la muerte. La Verdad contra la mentira.

Bendita la obsesión del santo Papa Juan Pablo II que predicando en el desierto de este mundo afirmó: -El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en ¡el anuncio de la persona misma de Jesús! Y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! (1Co 9,16).

Por ello, quiero vivir y morir tan «obsesionado» como ellos. Quiero, como ellos, anunciar este Evangelio, oportuna e inoportunamente (cf. 2Tm 4,2) sin temer la hostilidad ni la impopularidad de los dentro y de los de fuera, rechazando todo compromiso y ambigüedad que me conformaría con la mentalidad del mundo (cf. Rm 12, 2). Porque sí, debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo (cf. Jn 15, 19; 17, 16), con la fuerza que nos viene de Cristo, que con su muerte y resurrección ha vencido el mundo (cf. Jn 16, 33).

Custodio Ballester Bielsa, pbro / Sacerdotes por la vida / GerminansG., Nov. 2016

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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Testimonio antiaborto de un futbolista americano y su esposa: eligen que su hija con anencefalia viva

"¿Quiénes somos para determinar si nuestra hija vive o muere? Decidimos dejarlo en manos de Dios". Esta fue la respuesta de Evan Rodríguez y su esposa cuando los médicos sugirieron la opción de

abortar tras detectar la anomalía del feto en una ecografía

 "Es una decisión que se debe dejar a Dios", dice Evan sobre el futuro de su hija
"¿No hay nada que ustedes puedan hacer? ¿No hay cura?. Con estas palabras encajaron la pareja formada por el futbolista americano Evan Rodríguez y su esposa Olivia la noticia de que su hija, aún en el vientre materno, padecía anencefalia, una enfermedad sobre la que no conocían nada.

El ‘fullback’ de los Tampa Bay Buccaneers (Florida, Estados Unidos) y su mujer estaban felices y ansiosos por conocer el resultado de la primera ecografía que acabaría por constatar que se trataba de una niña, a quien ya han puesto por nombre Layla Sky.

Sin embargo, además de conocer que se trataba de una niña también recibieron la noticia de que la pequeña tenía esa enfermedad, que provoca un desarrollo incompleto del cráneo y cerebro.

"Veo algo que no me gusta. Su cabeza no es completamente redonda", les advirtió el especialista. Los Rodríguez cuentan que, tras una hora y media de angustia en que los profesionales estudiaban las imágenes de ultrasonido, llegaron a ese veredicto.

Fue un auténtico mazazo, porque normalmente la anencefalia hace muy poco probable que el bebé sobreviva después del parto (la mayoría alcanza a vivir desde minutos a horas, pero hay casos que rompen la norma).

El aborto no era opción

Tras consultar una segunda opinión médica, se confirmó el diagnóstico y los doctores les recomendaron abortar, y hacerlo lo antes posible. Sin embargo, "emocionalmente estábamos en estado de shock", dice Olivia, y “nos llevó una semana completa para poder asimilarlo".

Los esposos cuentan que como están acostumbrados a rezar juntos cada día, se aferraron a Dios pidiéndole poder cumplir su voluntad en esto que los desgarraba por completo, aunque la decisión no tardaron en tomarla.

Matar a su hija mediante el aborto no era una opción, sino luchar por la vida. "Al igual que si tu hijo tiene cáncer, lucharás durante el tiempo que tengas con ese niño", afirma Evan.

"Decidimos dejarlo en manos de Dios"

Olivia, quien ya tenía otra experiencia extrema vivida con su primera hija, Jennifer, sugirió ir con el mismo médico que le había ayudado a salvarla. "El doctor Arrunategui es un médico increíble…oramos en su oficina y me dijo: 'Estoy aquí para ustedes, en todo lo que necesiten'".

El apoyo del profesional reforzó lo que ya habían decidido. "¿Quiénes somos para determinar si nuestra hija vive o muere? Decidimos dejarlo en manos de Dios. Esperamos lo mejor, aunque sea por 10 minutos, tres días, un año… es mejor que nada”, asegura Evan.

Del mismo modo piensa Olivia, quien agrega que "es una decisión que se debe dejar a Dios. Los milagros ocurren todo el tiempo. Pero también estamos en paz si esa no es la voluntad de Dios".

Se prevé que el nacimiento de Layla Sky sea en diciembre. Mientras, Olivia, apoyada por su esposo Evan, sigue todas las indicaciones que les da el médico. Oran juntos y siempre están disponibles para testimoniar esta experiencia.

"Para mí, es una forma efectiva de enfrentar el dolor, creando conciencia. Porque una media de un 60% de mujeres que toman ácido fólico antes de la concepción puede prevenir la anencefalia. También, la razón por la que no hay una cura es porque el 98% aborta estos bebés...”

En ese sentido, Evan y Olivia están apoyando la investigación de científicos de la Universidad de Duke, quienes buscan tratamientos y una cura para la anencefalia. "Hay mucho de belleza y amor manifestándose en todo este proceso", dice Olivia. "Nosotros apoyamos la vida y disfrutamos en cada momento de Layla", concluye.

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Un conmovedor testimonio Mi madre, religiosa, fue violada y yo nací. ¡Gracias por tu valentía mamá!

Me animé a escribir este testimonio después de haber leído un artículo sobre los bebés concebidos en una violación. Han pasado tres años desde que me enteré que fui concebida de esa manera y es la primera vez que hablo tan extenso de esto.

Al inicio intentaba negarlo (o no pensar demasiado en ello), pues para mí la primera impresión fue que no estaba en los planes de nadie de mi familia, mucho menos en los planes de mi madre, ¡de verdad! Ella había planeado una vida totalmente diferente a la que tiene ahora conmigo.

Era una religiosa consagrada en el momento de la violación (había hecho los votos perpetuos 5 años antes de mi nacimiento). Sé que ella era una gran religiosa, ella tenía (aún tiene) la misma mentalidad del Papa Juan Pablo II: darles protagonismo a los jóvenes dentro de la Iglesia.

Hay muchas cosas que aún desconozco sobre lo que sucedió porque me enteré por medio de algunas cartas viejas que le escribieron a mi mamá en esa época. Todo el embarazo mi madre lo pasó lejos de su país, recibiendo cartas de su familia, su mejor amigo (un sacerdote, que es mi padrino de bautizo) y algunas de sus hermanas de la Comunidad.

Siento que Dios comenzó a actuar desde un principio por medio de la madre superiora de la Congregación, cuya única preocupación desde un principio fue protegerla; ella, junto con la familia de mi mamá, había pensado que  lo mejor sería alejarla de su entorno para que ella pudiese tomar una decisión sin presiones y también para proteger a la Comunidad de las hermanas. Ella decidiría si darme en adopción y regresar a la comunidad, o dejar los hábitos y ser mamá.

Sé que Dios se ha manifestado a través de las personas que rodeaban a mi madre en ese entonces, y pude palpar cómo iban avanzando los sentimientos a través de los meses (no tenía las cartas que había escrito mi mamá, pero tenía las respuestas).

He leído todas sus cartas más de una vez, y siempre mis favoritas han sido 3. Cada una tiene algunos meses de diferencia, por lo que los ánimos y emociones son diferentes, y creo que me ayudarán a dar un mejor testimonio.

Pude notar cómo al principio todo estaba nublado para ella, cómo había sentimientos de culpabilidad (esto es muy común por lo que entiendo, no sólo afectan a la víctima sino a todo su entorno porque piensan que podría haberse evitado), cómo ninguna solución parecía ser la correcta y en realidad la única respuesta clara era encomendarse a Dios.

En una de las cartas, mi padrino le escribió lo siguiente: “Mi querida R., aún estos días me atormenta pensar por qué no estaba yo ahí para defenderte y por qué ha permitido que esto te suceda a ti, pero he encontrado un poco de calma en la Palabra de Dios, con la lectura de Job. Dios nos pone a prueba para ver nuestra fidelidad, sé que saldrás bien de esta, como siempre lo haces!”.

Leer sobre eso en un primer momento fue lo más parecido a un baldazo de agua fría. Creo que a todos nos gusta pensar que hemos sido planeados y amados (o por lo menos amados) desde el primer momento, pero la realidad es que aunque al principio no sea así, o en muchos casos nunca sea así, Dios sí nos ama desde el momento en que nos planea en este mundo. Yo tardé bastante en comprenderlo, pero la clave fue agarrarme de la mano de Dios para comprender que sí tenía un propósito.

Conforme iba pasando el tiempo, pude notar que la gente que nos rodeaba me había tomado cariño, cómo me tomaban en cuenta en cada situación posible. Ya no era solo el bien de mi mamá, sino también el mío, porque aunque al principio fue difícil de entender, las decisiones que ella tomaría también iban a afectarme a mí. Todos comenzaban a vernos como una familia.

Una religiosa le envió una tarjetita de buenos deseos con el siguiente texto: “Querida R., espero que te encuentres bien. Te encomiendo siempre en mis oraciones, a ti y a esa criatura que traes en tu vientre. Pobrecita mía, ella no tiene la culpa de nada, es una inocente que no tiene por qué pagar los errores de otro. Querida R., fuerza!”.

En ese momento lo comprendí todo, y estoy segura que mi mamá también comenzó a superar su depresión alrededor de la época que llegó la carta. “Bueno eso es, soy la hija de una violación, puedo quedarme lamentándome de ser un accidente o puedo agradecer a Dios cada día por haberme permitido vivir y crecer con una gran mamá”.Leer esa pequeña tarjetita fue como volver a nacer. Conforme he ido creciendo, he ido descubriendo los planes que Dios me había preparado, y ahora que sé de dónde vengo, tengo muchas más ganas de cumplirlos porque siento que Él me ha dado una oportunidad que es negada a millones de bebés cada día.

Finalmente llego el día de mi nacimiento, en diciembre de 1993. Llegué totalmente sana gracias a Dios y mi madre también estuvo en perfecto estado de salud. Este pequeño texto se lo escribió mi padrino ese día: “Querida R., gracias. Gracias porque hoy le dices sí a la vida” No puedo decir que ahí todo se volvió más fácil pues quedaban muchas cosas delicadas, entre ellas pedir a la Santa Sede la dispensa de los votos explicando los motivos que la obligaban a eso.

Pero Dios no permite un mal sin sacar algo bueno de él; y después de mi nacimiento, mi mamá consiguió trabajo en la Conferencia Episcopal de mi país, logrando, después de unos años, ser la responsable nacional del área de juventud. Él no permitió que ella se alejara de su opción de trabajar por los demás, por los jóvenes, aun así no era lo que había planeado a un principio. Yo crecí en ese ambiente, con jóvenes cercanos a Dios que no les daba vergüenza su fe, que seguían a Jesús y amaban a la Virgen María; por eso mismo hoy soy una joven enamorada de su fe y su Iglesia.

Ya para concluir, solo me queda agradecer a Dios por la oportunidad que me ha dado, primero de llegar a este mundo y segundo de crecer al lado de una madre que nunca consideró el aborto como una opción. No ha sido nada fácil, sobre todo para ella, pero cada noche nos encomendamos a Dios y les pedimos su intercesión a todos aquellos que nos han dejado, entre ellas la superiora del convento.

Hemos aprendido todo juntas, creo que ser sólo las dos hace que tengamos un vínculo especial, y creo que la manera en cómo yo llegue a su vida hace que el amor que ella me tiene sea diferente por todas las situaciones que tuvo que pasar para llegar hasta donde estamos ahora.

Espero que este testimonio les sirva de algo a aquellas mujeres que, como mi mamá, están ahora mismo decidiendo el futuro de sus hijos. ¡Por favor, nunca piensen en el aborto! Dios les tiene un amor especial y grandes planes a los niños que han venido sin ser deseados, y a las mamás les tiene una gran recompensa por decirle sí a la vida a pesar de que esta vida venga de una situación tan triste. Y a las personas que han sido concebidas por una violación: ¡por favor, honren a Dios cada día de su vida!

 
(Este valeroso testimonio respeta el anonimato pedido por la protagonista)
Portaluz, Septiembre 2015

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jueves, 30 de octubre de 2014

El primer peruano con síndrome de Down graduado en universidad


      Lourdes Fernández Calvo   @lulitafc

Bryan Rusell Mujica, de 22 años,  culminó sus 5 años de estudios en la carrera de periodismo de la USIL

Su primer logro fue viajar solo en autobús. Se sintió, luego de 17 años, independiente. Ese día salió siguiendo a sus pies, empezó caminando en Miraflores y reaccionó perdido en Chorrillos. Nunca tuvo miedo. Es más, Bryan dice casi nunca sentirlo pese a que tener el síndrome de Down lo ha formado casi inseparable de sus padres.
“Un señor me prestó un sol y otro me acompañó al bus. Llegué feliz a contarle a mi mamá, que estaba asustadísima”, cuenta risueño.
Su segundo logro lo vivió la noche del miércoles, cuando escuchó su nombre perdido entre aplausos.
“¿Graduado yo? ¿Yo? Aún no lo creo”, dice con una incredulidad tierna. Y no es para menos. Bryan Rusell Mujica tiene 22 años y los últimos cinco los ha dedicado a demostrar que no es diferente. Ingresó a la Universidad San Ignacio de Loyola convencido de que sería periodista y salió de ella convenciendo a los demás. “Fue una decisión propia, me apasiona escribir, quiero sensibilizar a la gente con mi caso, quiero que me lean”, afirma.
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