viernes, 12 de julio de 2019

Entrevista a Francisco Luzón contrario a la eutanasia



Es un exbanquero, enfermo de ELA y presidente de la fundación homónima que asegura “Amaré la vida hasta el último segundo”

Francisco Luzón, un exbanquero, enfermo de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), y presidente de la fundación homónima que, según él mismo afirma: “No hablo, no puedo oler, no me muevo, pero sueño y quiero despertar mañana”. El entrevistado hace un canto a la vida y a la dignidad de su estado a pesar de sus circunstancias.

En la entrevista, a la pregunta del periodista “¿Qué es la esperanza para un hombre desesperado?”, Luzón afirma que “La esperanza es el sueño del hombre despierto. Sueño con que la ELA sea curable y, mientras, que los enfermos sean tratados con la dignidad que merece la persona en el tramo final de su vida. No soy un hombre desesperado“.
La entrevista prosigue:

P. ¿A qué credo o clavo se agarra para abrir los ojos cada día?
R. Creo en Dios. Me parece que el cosmos y la vida sin él no tienen sentido. Cada mañana agradezco a Dios el nuevo día.

P. ¿Para qué sirve el dinero cuando no sirve de nada?
R. No es cierto. Ahí está el caso de Amancio Ortega y el mío. He creado una Fundación para ayudar a mis compañeros con ELA. El dinero es como el estiércol: de nada sirve si no se esparce.

El periodista le interroga sobre si, en su estado, hay placeres en su vida: “Pocos. Disfruto del disfrute de los míos. Sin ellos no viviría” y añade: “La vida es amor. No como, no hablo, no huelo, no me muevo, pero amo y sueño. Amaré la vida hasta el último segundo”.

“Ha elegido vivir -afirma el periodista-. Podía no haberse hecho la traqueotomía y acabar con su sufrimiento, pero, ¿le gustaría, simplemente, no despertar mañana?”
“Siempre quiero despertar mañana. Plantaría un árbol aunque el mundo se acabara mañana”, afirma Luzón.

El País / ForumL. 2019

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miércoles, 3 de julio de 2019

El engaño de la muerte cerebral


La llamada muerte cerebral es un criterio de definición pseudo-científico de la muerte cerebral, que permite el homicidio de las personas moribundas y la extracción de sus órganos vitales. El criterio clásico de definición de la muerte, es decir el cese de todas las funciones vitales de un organismo humano, es el único válido en razón de que aprovecha la esencia de un fenómeno que se verifica siempre con la misma modalidad y que tiene siempre las mismas características.

Esta es, muy resumidamente, la tesis puesta de manifiesto durante los trabajos de un congreso titulado «Brain death», A medicolegal construct: Scientific & Philosophical Evidence -«Muerte cerebral», Una construcción médico-legal: Evidencias Científicas y Filosóficas) que tuvo lugar el 20 y 21 de mayo pasado, en el hotel Massimo D’Azeglio de Roma. En el congreso, organizado por la John Paul II Academy for human life and the family, participaron figuras de alto nivel del mundo científico y académico, entre las cuales el Prof. Josef Seifert, el Dr. Thomas Zabiega, el Dr. Cicero Coimbra, el Dr. Paul Byrne y la Prof. Doyen Nguyen. Todas las intervenciones fueron de altísimo nivel e irrefutables las pruebas presentadas a favor del carácter no científico del criterio de la muerte cerebral.

En efecto, el comité de Harvard que en 1968 definió la noción de muerte encefálica o cerebral no aportó ninguna prueba científica seria a favor de la nueva definición ni la fundamentó en ninguna base filosófica sino que, por el contrario, la estableció únicamente con el propósito de resolver la cuestión ética-legal referente a la práctica de los trasplantes de órganos. La comisión estaba compuesta por 30 miembros, entre los cuales un abogado, un historiador y varios profesionales, ninguno de los cuales era favorable a la concepción tradicional de muerte. Fueron los mismos miembros de la comisión quienes cándidamente admitieron cual era su verdadero objetivo: «Criterios obsoletos de muerte pueden llevar a controversias en la obtención de órganos a efectos de trasplantes«.

En la base de la nueva definición hay una presunción según la cual el cerebro funcionaría como integrador somático central y por tanto la pérdida irreversible o presumida como tal de sus funciones equivaldría al fin del organismo humano como un todo, un conjunto integrado. Sin embargo, para desmentir dicha tesis es suficiente aportar los ejemplos de numerosos casos de mujeres encintas declaradas cerebralmente muertas que han podido llevar adelante el embarazo y dieron a luz su niño: ¿cómo puede un cuerpo sin vida, un mero aglomerado de órganos privados de una coordinación central gestionar un acontecimiento tan complejo como

el desarrollo y el nacimiento de otro ser humano? Por lo demás, como reiteró el Prof. Seifert, en el desarrollo embrional el encéfalo se forma en una etapa posterior. ¿Cómo puede entonces únicamente la pérdida irreversible de las funciones cerebrales determinar el cese de la vida del organismo, si ellas no lo precedieron en el desarrollo? Además, la no respuesta a los estímulos, típica del paciente con grave insuficiencia cerebral, no significa necesariamente que su cerebro esté muerto sino que está silencioso: lo demuestra la capacidad del organismo de mantener las funciones cerebrales como la circulación sanguínea y la respiración. Al respecto, la incapacidad de respirar autónomamente, uno de los principales indicios que determinan el diagnóstico de muerte cerebral, es engañoso: el respirador de hecho permite simplemente al aire entrar mientras la tarea de distribuir el oxígeno a las células y a los tejidos es desarrollado por el individuo (un cadáver no puede hacerlo).

Merecen una mención aparte las problemáticas relacionadas con el test de apnea, que es el medio utilizado para verificar la incapacidad del individuo en coma de respirar de forma autónoma y durante un determinado lapso de tiempo: un estudio del año 1994 demostró que el 40 por ciento de los pacientes sometidos a dichos test sufrió una significativa reducción de la tensión arterial, por lo tanto un empeoramiento de las condiciones clínicas, mientras que en un cierto número de casos ha ocurrido hasta un paro cardíaco irreversible. En realidad, como ha precisado el Dr. Cicero Coimbra, los centros respiratorios de los pacientes con graves lesiones cerebrales propiamente no logran responder al test de apnea porque el flujo sanguíneo cerebral es bajo o casi nulo por causa del hipotiroidismo. Lo primero que se debe hacer con dichos pacientes es suministrarles hormonas tiroideas, pero en ninguna parte del mundo ello se verifica, a partir del momento en que los médicos siguen servilmente los protocolos. Por lo tanto en lugar de recibir el tratamiento adecuado a sus condiciones clínicas, las personas en estado de coma son sometidas a los invasivos test destinados a diagnosticar la muerte cerebral, que son ellos mismos causa de lesiones irreversibles.

Para invalidar una tesis científica solo basta un solo caso contrario: son en cambio numerosos los casos de pacientes declarados diagnosticados de muerte cerebral que han salido del coma gracias a la determinación de los parientes. Particularmente clamorosos son aquellos transmitidos a lo largo del congreso, entre los cuales el caso de Zack Dunlap, de 20 años, declarado cerebralmente muerto por causa de un accidente: los daños cerebrales eran considerados catastróficos y el desafortunado no tenía circulación sanguínea a tal punto que la resonancia magnética no revelaba ningún flujo de sangre al cerebro. Afortunadamente para Zack, su primo enfermero exigió otros test porque había observado movimientos del cuerpo. Ahora, aquél que anteriormente había sido considerado un cadáver, está casado y es padre de una niña.

Otro capítulo crítico es el del consentimiento a los trasplantes, una verdadera y auténtica industria gestionada, de hecho, por los gobiernos: los hospitales reciben cuantiosas subvenciones y si no pueden llegar a un cierto número de trasplantes pierden tales ingresos y

no pueden ser más clasificados como centros de trasplantes. El consentimiento debe ser explícito, es decir, claramente expresado. ¿Pero qué sucede en realidad? En el test de apnea el paciente es privado del respirador durante 10 minutos. ¿Dónde está el consenso en este caso? Es más necesario que nunca que las personas se informen, que soliciten los cuidados adecuados para sus parientes, que tengamos la valentía de luchar por su vida, también porque la nueva definición de muerte toca muchos ámbitos, no solo aquel del trasplante de órganos vitales. En riesgo, de hecho, están muchos pacientes sin respuesta a los estímulos que están en estado de coma: la presunta pérdida irreversible tan solo de las funciones cerebrales, que para los partidarios de la muerte encefálica constituye la esencia vital del individuo, transformaría al hombre en un ser inanimado sin conciencia, una suerte de vegetal. Como lo ha destacado el Prof. Seifert en su intervención criticando a los autores norteamericanos Lee y Grisez favorables a la nueva definición, el cerebro no es la persona sino el alma que posee la naturaleza racional del hombre. ¿Cómo puede un ser espiritual transformarse mágicamente en un vegetal con la destrucción de un órgano? Si el alma precede la formación del cerebro, como admiten los mismos Lee y Grisez, ¿por qué entonces alguna vez debería dejar al cuerpo con la llamada muerte cerebral?

En conclusión, es posible afirmar sin temor a ser desmentidos que una persona realmente muerta, un cadáver, no puede suministrar un corazón apropiado para un trasplante, sino únicamente una persona viva con un corazón sano y funcionando perfectamente. Esa es la realidad de los hechos, la evidencia que la gran mayoría de la comunidad médica tiende a negar y que trabaja para que alrededor del tema de la muerte cerebral se desarrolle una suerte de consenso acrítico. Se trata de una cuestión de extrema importancia que tiene muchas repercusiones en la sociedad actual, dominada por el relativismo ético y moral, por la lógica del utilitarismo y del positivismo jurídico, que pretende fundamentar el derecho sobre la negación de la ley natural y, en definitiva, de la realidad.

Por Corrispondenza Romana – InfoC. 2019

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domingo, 16 de junio de 2019

La muerte en Holanda de Noa una adolescente con depresión, último caso del abismo de la eutanasia



Acudió por primera vez a pedir la eutanasia cuando cumplió los 16 años, momento en el que ya no necesitaba el consentimiento paterno
  
La pendiente resbaladiza de la eutanasia y el suicidio asistido en los países en los que se ha legalizado ha visto un claro ejemplo estos días ante un caso que está dando la vuelta al mundo. Este domingo Holanda permitía la muerte de una adolescente de 17 años bajo el pretexto de que sufría depresión y ansiedad después de que años atrás hubiera sido violada por un primo suyo.
Noa Pothoven logró, gracias a que Holanda ofrece una eutanasia y el suicidio asistido a la carta, que pudieran acabar con su vida en el salón de su casa y ante su propia familia.

Calificada de luchadora por los políticos
Incluso en la clase política se ha tildado de luchadora a una joven que todavía no es mayor de edad y que podría haber recibido ayuda de otro modo para superar los traumas que arrastraba.
La diputada de Los Verdes, Lisa Westerveld fue a despedirse de esta menor a su casa el pasado viernes: “Fue agradable verla de nuevo, aunque también un poco irreal. Noa era increíblemente fuerte y muy abierta. Nunca lo olvidaré. Continuaré su lucha”.
Esta adolescente había llegado a publicar una autobiografía de gran éxito Ganar o aprender donde fue relatando los abusos que sufrió, la falta de ayuda que había recibido. Además, todo el proceso hacia la eutanasia lo ha contado a través de sus redes sociales, por lo que se ha convertido en un acontecimiento público en Holanda.

"El amor es dejar ir"
“En un plazo de máximo de 10 días moriré. Después de años de lucha, mi lucha se termina. He dejado de comer y de beber por un tiempo, y después de muchas conversaciones y revisiones, se ha decidido que seré liberada porque mi sufrimiento es insoportable”, escribía en Instagram hace unos días.
Esta joven afirmaba además que “realmente no he estado viva durante todo este tiempo, sobrevivo, y ni siquiera eso. Todavía estoy respirando pero ya no estoy viva”. E incluso llegaba a escribir: “No me convenzas de que esto no es bueno, esta es mi decisión y es definitiva. El amor es dejar ir, en este caso…”.
El caso de esta adolescente pone de manifiesto la utilización de la eutanasia y el suicidio asistido mucho más allá de lo que se contemplaba tras su legalización. Es lo que se conoce como pendiente resbaladiza, lo cual en Holanda asusta a una parte de los médicos e incluso a los expertos que fueron responsables de su puesta en práctica y aprobación.

¿De verdad no había posibilidad de mejora?
El sufrimiento debe ser insoportable y sin perspectivas de mejora, dice la ley que entró en vigor en 2012. ¿No había de verdad posibilidad de mejora para una joven que todavía no es mayor de edad? Este es uno de los principales interrogantes que genera este caso.
Uno de los grandes problemas que está presentando la eutanasia en Holanda y en otros países como Bélgica es que se está multiplicando las muertes por esta práctica de personas enfermas mentales o con alzheimer, ancianos sin problemas graves de salud, o personas que simplemente se sienten solas o afligidas. Han muerto así alcohólicos o incluso ciudadanos que habían experimentado un desamor.
En Holanda, los mayores de 12 años pueden pedir la eutanasia, con el consentimiento de los padres, y sin el consentimiento aunque participando en la decisión final a partir de los 16 hasta la mayoría de edad.

ReL., 2019

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lunes, 27 de mayo de 2019

Donación de órganos, nueva frontera de la eutanasia




¿Existirá en un futuro más o menos próximo el concepto de "muerte por donación", es decir, que la extracción de órganos sea la causa inmediata y directa del fallecimiento del paciente? Hoy por hoy es ilegal: el ordenamiento jurídico exige que se haya producido la muerte del donante para que pueda procederse a la operación quirúrgica que rescate alguna parte de su cuerpo para salvar la vida de otra persona.
Sin embargo, ya existen voces que piden que se elimine esta exigencia. "En congresos médicos internacionales a lo largo de 2018 y 2019", cuenta el doctor E. Wesley Ely en un artículo publicado recientemente en USA Today, "he asistido al debate, por parte de cientos de especialistas en trasplantes y atención de emergencia, en torno a la 'donación después de la muerte'. Se refiere a un escenario en rápida expansión en Canadá y algunos países de Europa Occidental, en el que una persona muere a consecuencia de la eutanasia, mediante una inyección letal que ella misma ha pedido, y enseguida se le opera para coger órganos para donación".
Pues bien, continúa, en cada uno de esos congresos ha surgido la cuestión de la 'muerte por donación', esto es, "acabar con la vida de una persona con su consentimiento informado, llevándoles al quirófano para allí, bajo anestesia general, abrirles pecho y abdomen cuando aún están vivos para quitar órganos vitales y trasplantarlos a otra persona".
Se trata de ganar unos minutos preciosos para disminuir el tiempo de isquemia, esto es, el tiempo durante el cual el órgano trasplantado deja de recibir sangre del organismo muerto. Los 5 o 10 minutos que tarda en producirse la muerte por inyección letal podrían así ganarse para mejorar la calidad del órgano obtenido y mejorar las posibilidades de una implementación exitosa en el receptor.
El doctor Ely no oculta su preocupación ante esta nueva línea roja que parece estar dispuesta a cruzar la mentalidad eutanásica en aquellos países donde se ha instalado al calor de la legalización, como Canadá, Bélgica u Holanda. Él es catedrático en la facultad de Medicina de la Vanderbilt University de Tennessee (Estados Unidos) y co-director de su centro para la enfermedad crítica, la disfunción cerebral y la supervivencia, como lo fue del programa de trasplantes de pulmón. Asimismo es director asociado del centro estatal para investigación geriátrica. Conoce, pues, bien toda la problemática de los pacientes en proximidad a la muerte.
"La 'muerte por donación' obviaría el principio, tanto tiempo respetado, del 'donante muerto', que prohíbe quitar los órganos vitales hasta que se declare el fallecimiento del donante. Actualmente la 'muerte por donación' sería considerada un homicidio dirigido a acabar con una vida y conseguir órganos", advierte, pero ya empieza a solicitarse la mitigación de ese criterio. Dos médicos y un bioeticista proponían recientemente en The New England Journal of Medicine que se anulase ese criterio, considerando la mejora en la calidad del trasplante como una justificación ética suficiente para ese 'homicidio'.
Ely, por el contrario, sabe lo que ocurriría: se estaría lanzando un mensaje de estigmatización sobre personas con discapacidades físicas y psíquicas proponiéndoles "hacer algo noble" con sus órganos sanos y solicitar la eutanasia voluntariamente con ese fin, al mismo tiempo que se hurtaría la posibilidad de decidir a los pacientes que no pueden expresarse por sí mismos.
Cita el caso de uno de ellos, Ben Mattlin, quien en 2012 relató en The New York Times la realidad de las personas que, como él (víctima de una atrofia muscular espinal), son sometidas a presiones muy duras que se añaden a su problema físico: "¡Qué fácil es que alguien te influya sin darse cuenta para que te sientas subestimado y sin esperanza, presionándote suavemente pero con determinación… para aligerar a los demás de tu carga!", exclamaba con realismo. Y añadía: "No podéis ni imaginar la cantidad de fuerzas sutiles -invariablemente bienintencionadas, bondadosas, incluso amables, y sin embargo tan persuasivas como un tsunami- que se despiertan cuando tu autonomía física está comprometida y sin esperanza de recuperación".
En efecto, el doctor Ely cita estudios según los cuales en el 27% de las eutanasias practicadas en Bélgica se ha acelerado la muerte sin el consentimiento del paciente, algo que la Sociedad Belga de Medicina de Cuidados Intensivos considera "admisible".
"Cuando los médicos participan en procedimientos dirigidos a quitarle la vida a una persona", concluye, "¿se sentirán los pacientes 100% seguros de que su médico juega firmemente del lado de la curación? ¿Qué mensaje se manda sobre el valor de toda vida humana cuando los médicos respaldan el intercambio de una vida por otra?"

C.L. / ReL 20 mayo 2019
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martes, 14 de mayo de 2019

Un caso paradigmático contra la eutanasia: una mujer despierta del coma tras casi 30 años



Un accidente automovilístico en 1991 dejó a Munira Abdulla en estado de coma, pero su hijo nunca perdió la esperanza de que se despertara

Ante la desesperanza, la esperanza. Ante la eutanasia, la fe en la vida. Munira Abdulla fue a buscar a su hijo Omar, de 4 años, a la escuela y después se dirigió a su casa de Al Ain en el año 1991, no se imaginaba que no volvería a ver a su hijo durante 27 años.
Su vehículo chocó con un autobús escolar, dejando a la Abdulla con una lesión cerebral grave. Omar, acunado por su madre antes del impacto, escapó con un moretón en la cabeza.
Abdulla, de 32 años, entró en coma y los médicos creyeron que probablemente nunca volvería a abrir los ojos. Eso fue hasta el año pasado, cuando recuperó la conciencia en una habitación de un hospital alemán.
Su familia habló en exclusiva con el diario The National sobre su terrible experiencia por primera vez, describiendo un milagro moderno y cómo se ha despertado a un mundo muy diferente.

“Nunca me rendí”, afirma su hijo
“Nunca me rendí con ella porque siempre tuve la sensación de que un día se despertará”, dijo su hijo Omar Webair, de 32 años. Cuando fue visitada en el hospital, Abdulla pudo responder preguntas, aunque con dificultad, y recitó versos del Corán. Recientemente visitó la Gran Mezquita Sheikh Zayed, que aún no se había construido cuando se lesionó.
“Tenía cuatro años cuando ocurrió el accidente, y solíamos vivir en Al Ain”, dijo Webair. “Ese día, no había ningún autobús en la escuela para llevarme a casa”. Alrededor de las 4 de la tarde, su madre recogió al joven Omar. Conducía su cuñado.
“Mi madre estaba sentada conmigo en el asiento trasero. Cuando vio venir el choque, me abrazó para protegerme del golpe”, explicó Webair. Entonces el se alejó del accidente, pero se sentía desesperado mientras su madre esperaba ayuda. “No había teléfonos celulares y no podíamos llamar a una ambulancia. Ella se quedó así durante horas”, dijo.
Abdulla fue llevada al hospital, desde donde fue trasladada a una en Londres. Estaba completamente insensible, casi sin darse cuenta de su entorno. Los doctores diagnosticaron un estado de mínima conciencia. La trasladaron a un hospital en Al Ain, donde permanecería durante los siguientes años. Alimentada por sonda, se sometió a fisioterapia para evitar que sus músculos se deterioraran.
Las visitas a su madre se convirtieron en parte de la rutina diaria de Webair. Caminaba varios kilómetros para verla y se sentaba con ella durante horas. Aunque no podía hablar, el Webair dijo que por sus expresiones podía decir si le dolía o no. “Para mí ella era como el oro; cuanto más tiempo pasaba, más valiosa se volvía”, dijo.
El caso de Abdulla es paradigmático y representa una situación que los defensores de la eutanasia pondrían de ejemplo como una vida a ser sacrificada. Sin embargo, el tiempo demuestra que puede haber esperanza y que la vida siempre se aferra a ella.

ForumL. 2019

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jueves, 21 de febrero de 2019

La aplicación de la eutanasia en Holanda empieza a asustar incluso a los médicos que la practican



Las violaciones del consentimiento crecen a medida que el valor de la vida humana ha ido decreciendo. En algunos casos, ni se pregunta o se actúa a conciencia de que ese consentimiento no existe. En 2017, casi una cuarta parte de los decesos en Holanda fueron inducidos por el hombre. Cada vez más personas piensan que «quizás hemos traspasado el límite con la muerte a demanda»
  
Bert Keizer es uno de los 60 médicos de Levenseindekliniek, la clínica holandesa para el final de la vida que, en 2017, practicó la eutanasia a 750 personas. Está acostumbrado a ir a casa de los pacientes que quieren morir, pero la escena a la cual asistió el año pasado es inédita incluso para él. Cuando llegó, con una enfermera, a la cabecera del hombre al que tenía que matar, se encontró ante 35 personas "que estaban bebiendo, gritando y riéndose. Había mucho ruido y pensé : 'Muy bien, ¿y ahora cómo lo hago?'. Gracias a Dios, el hombre que tenía que morir sabía exactamente qué hacer y de repente dijo: 'Muy bien, chicos' y todos le entendieron. Se callaron, sacaron a los niños de la habitación y le puse la inyección".

"Quizás hemos traspasado el límite"
Hablando con Christopher de Bellaigue, enviado de The Guardian, que ha escrito un largo artículo para explicar que, "quizás, Holanda ha traspasado el límite con la muerte a demanda", Keizer usa este ejemplo para ilustrar que "la eutanasia se ha convertido en algo normal". En 2002, cuando se legalizó la "buena muerte", la solicitaron 1882 personas; la cifra aumentó en 2017 a 6585. Si a este dato se le añade que en 2017 se suicidaron 1900 holandeses y a 32.000 personas se les aceleró la muerte mediante la utilización de una sedación terminal muy anticipada, la "impresionante" conclusión que obtenemos es que más de una cuarta parte de las muertes en Holanda en 2017 (casi 150.000) fueron inducidas.
Nunca fue tan fácil morir en Holanda: la eutanasia estaba inicialmente reservada para los mayores de edad, pero ahora se ha ampliado también a los niños; no hace falta una enfermedad terminal para recibir la inyección letal, basta sufrir de un modo subjetivamente "insoportable" de cualquier malestar, que puede ir desde la demencia a la depresión; si el propio médico es reacio a conceder la autorización, basta dirigirse a la Levenseindekliniek. The Guardian está seguro de que pronto se aprobará en el Parlamento la "píldora para el final de la vida", disponible para cualquiera que encuentre insoportable la propia vida.

El negocio de la compasión
La eutanasia es un servicio sanitario básico cubierto por la prima mensual que cada ciudadano holandés paga a su aseguradora. Es un negocio muy lucrativo: por cada inyección letal practicada por un médico de la Levenseindekliniek, las compañías de seguros pagan a la clínica 3000 euros. La compensación se da incluso cuando el paciente cambia de idea en el último momento.
Obviamente Steven Pleiter, director de la clínica, afirma que no es una cuestión de dinero, sino de "empatía, ética y compasión": una compasión que, en 2017, hizo ganar a la Levenseindekliniek más de dos millones de euros. Observa The Guardian: "Evidentemente, las compañías de seguros prefieren pagar una cifra una tantum por matar a alguien, y no gastar una enorme cantidad de dinero para curar a una persona viva, pero no productiva".
Menos del 8% de los médicos se niegan a practicar la eutanasia por razones de conciencia; sin embargo, muchos empiezan a recuperarse de la borrachera letal. Algunos se preocuparon cuando en noviembre de 2018 los fiscales holandeses anunciaron que, por primera vez, una doctora sería procesada por homicidio: había matado a una paciente a pesar de que ésta le había dado a entender claramente que no quería morir. "Había firmado las voluntades anticipadas", se justifica la doctora, a pesar de lo cual la llevaron a juicio.

"¿Cómo puedo seguir así?"
Otros, en cambio, han tenido experiencias desestabilizadoras. Como Marie-Louise (nombre ficticio), médico de cabecera, que se negó a matar con eutanasia a un hombre con demencia que había firmado un testamento biológico, con el que pedía la inyección letal cuando sus condiciones fueran a peor. A lo largo de los años "cambió de idea por lo menos 20 veces"; también porque "era la mujer la que quería obligarle". Un día, después de que el marido hubiese cambiado de idea por enésima vez, la mujer entró en el estudio de Marie-Louise y, golpeando los puños sobre la mesa, dijo: "¡Si encontrara el  valor! ¡Ese cobarde!".
Hoy, Marie-Louise ha decidido abandonar la profesión: ese hombre, al final, fue asesinado con eutanasia por el doctor que la sustituyó mientras ella estaba de vacaciones. Marie-Louise sabía que su sustituto era fan de la "buena muerte", pero no pensaba que llegaría hasta ese extremo. Ahora se siente culpable, no hace otra cosa que preguntarse qué habría pasado si no se hubiese ido de vacaciones. "¿Cómo puedo seguir así? Soy médico y no puedo ni siquiera garantizar la seguridad de mis pacientes más vulnerables".

"Lo siento, su madre ha muerto hace media hora"
Como ella, también Marc Veld, que no es totalmente contrario al principio de la eutanasia, se siente culpable. La pasada primavera empezó a sospechar de su madre, Marijke: aunque no era una enferma terminal, daba señales de querer acabar con todo. Marc intentó hablar con su médico en más de una ocasión, sin resultado, para explicarle por qué el sufrimiento de su madre no era insoportable ni imposible de aliviar. El 9 de junio recibió una llamada de su médico: "Lo siento, su madre ha muerto hace media hora". La había matado él y ni siquiera le había avisado, tal como establece la ley. "Podría haber vivido aún muchos años", sacude la cabeza Marc, carcomido por el remordimiento y la rabia.
También está el caso de Berna van Baarsen. Favorable a la "buena muerte", había decidido construir activamente la ley, haciéndose nombrar miembro de una de las comisiones de control de la eutanasia, encargada de valorar los dossiers que los médicos están obligados a enviar después de matar a sus pacientes.
En enero se fue dando un portazo, acusando a sus compañeros de haber traspasado el límite. Seguían juzgando como legales los casos de pacientes que recibían la eutanasia en base al testamento biológico, aunque ya no estuviesen en disposición de entender y de querer. "Es fundamentalmente imposible establecer qué quieren estos pacientes, porque ya no pueden expresarse. El tema del consentimiento es ambiguo. En las comisiones se esconden detrás la ley, y ya no se preguntan si es moralmente justo matar a personas en determinadas condiciones".

"Todos quieren a la madre"
No es fácil prever si Holanda ha llegado al fondo del plano inclinado, o si llegará hasta la aprobación de la píldora eutanásica a demanda. Lo que es seguro, afirma The Guardian, en su viaje al reino de la "buena muerte" pregonada en nombre de la autonomía y la autodeterminación, es que se percibe una paradoja: "A muchos médicos con los que he hablado le gusta la idea de la píldora, porque les permitiría volver a salvar vidas como antes. Pero si bien es cierto que algunos de los solicitantes de la eutanasia se enfadan con los médicos cuando estos se niegan a concedérsela, también es verdad que la gente no quiere suicidarse con sus propias manos. El 95% de los que solicitan la eutanasia en Holanda quiere que sea un médico el que los mate, prefieren no tomarse ellos solos el cocktail letal. En una sociedad que presume de rechazar cualquier forma de autoridad establecida, cuando se trata de la muerte todos quieren a la madre".
Es decir, todos desean que sea el Estado quien les autorice y les apruebe. Quieren que alguien les diga: no te estás matando, no estás haciendo nada malo, estás actuando bien.

Leone Grotti en Tempi / ReL., 19 (traducción de Elena Faccia S.)

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

EL Reino Unido podría permitir que los médicos terminen vidas de pacientes con enfermedades degenerativas


Sigue el avance de la Cultura de la Muerte. La Asociación Médica Británica ha propuesto nuevas pautas que recomiendan que los médicos generales puedan retirar los tubos que suministran agua y comida a aquellos que no pueden alimentarse por sí mismos. 
Los médicos podrán terminar con la vida de pacientes con enfermedades degenerativas severas o demencia avanzada si se aceptan nuevas propuestas de sus líderes.
La Asociación Médica Británica ha propuesto nuevas pautas que recomiendan que los médicos generales puedan retirar los tubos que suministran agua y comida a aquellos que no pueden alimentarse por sí mismos, incluso en los casos en que dichos pacientes podrían vivir durante años.
Las propuestas se presentaron en respuesta a casos de prueba legal en los que los jueces dictaminaron que funcionarios calificados del NHS, ya no requieren el permiso del tribunal para retirar la nutrición artificial y la hidratación de los pacientes que están incapacitados e incapaces de comunicarse o alimentarse.
La decisión de los jueces de la Corte Suprema el mes pasado respaldó el derecho de los médicos a retirar los suministros nutricionales que sostienen la vida bajo su propia autoridad, siempre que cuenten con el permiso explícito de la familia del paciente o, donde no exista familia, el poder médico. La retirada del tratamiento en tales circunstancias conduciría a la muerte del paciente, una decisión que ha sido etiquetada como «eutanasia por sigilo».
De acuerdo con las propuestas preliminares que circulan en la BMA, los médicos deberían tener la autoridad para terminar con la vida no solo de aquellos pacientes que están cerca de la muerte o en estados vegetativos o mínimamente conscientes sino también «el grupo mucho más grande de pacientes que tienen múltiples comorbilidades, fragilidad o condiciones neurológicas degenerativas ».
Estas nuevas pautas cubrirían «aquellos pacientes que tienen una condición degenerativa reconocida, como la demencia avanzada, el Parkinson o la enfermedad de Huntington, que probablemente resultará en que el paciente no pueda tomar suficiente nutrición por vía oral», así como pacientes con accidente cerebrovascular y aquellos con «lesión cerebral que progresa rápidamente».
Añaden: «Debido a la naturaleza degenerativa de su condición, estos pacientes se encuentran en una trayectoria descendente esperada e inevitablemente morirán, generalmente como resultado de su afección subyacente, aunque quizás no inminentemente y podrían, potencialmente, seguir viviendo durante muchos años».
Actualmente, se estima que aproximadamente 850.000 personas tienen demencia en Gran Bretaña, y se espera que esa cifra supere los 1.000.000 para el año 2025.
Pero las nuevas propuestas han atraído críticas significativas de médicos y activistas que se oponen a la eutanasia y la interrupción deliberada de la vida por parte del personal médico; entre ellos, el Dr. Peter Saunders, del grupo «Care not Killing», que lo llamó «una receta para la eutanasia por sigilo, pero todo en nombre de la autonomía y los mejores intereses».
«Es inconcebible que decenas de miles de pacientes en Inglaterra y Gales sean vulnerables al uso y abuso de esta guía».
«Será casi imposible determinar qué sucedió en un caso determinado y no existen mecanismos legales para llevar a los abusadores ante la justicia».
El profesor Patrick Pullicino, de East Kent Hospitals University NHS Trust, el consultor que ayudó a exponer muertes hospitalarias injustas bajo el programa Liverpool Care Pathway, declaró que el plan de BMA era «terrible», y agregó:
«Facilita acelerar el final de la vida para personas con enfermedades neurológicas que no están muriendo, lo cual es algo muy negativo porque hay muchos pacientes neurológicos discapacitados, pero que quieren su vida».

Catholic Herald, Ag. 2018

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lunes, 2 de julio de 2018

"Cuidarle a usted nos cuesta 1800 euros al día le proponemos la eutanasia"


La retórica de los partidarios de la eutanasia y el suicidio asistido en cualquier parte del mundo se basa en el mismo principio: libertad de elección. Según ellos, a los enfermos, terminales o no, no se les impondría nada con la legalización de la eutanasia. Al contrario, se les ofrecería la posibilidad de decidir cómo terminar su vida. Un reciente reportaje de la emisora Ctv de Montreal (Quebec) demuestra, sin embargo, que la realidad es muy distinta, no sólo en la provincia canadiense.

Suicidarse es gratis, pero no hay fondos para paliativos
En Quebec se puede recurrir al suicidio asistido desde 2016, pero cuando la ley fue aprobada en 2014, el gobierno prometió que potenciaría la financiación de los cuidados paliativos con el objetivo de dar a los ciudadanos la ostentada libertad de elección.
Sin embargo, Quebec gasta poco más de 18 millones de euros al año en cuidados paliativos y con esta cifra, declara la directora del West Island Palliative Care Residence, Teresa Dellar, "sólo el 30 por ciento de la población puede tener acceso a los cuidados paliativos".
Al contrario, añade, "el 100% de la población puede acceder gratuitamente al suicidio asistido". En consecuencia, "en los últimos dos años, el acceso a los cuidados paliativos ha seguido disminuyendo, mientras aumentan las peticiones de eutanasia".

La falta de fondos impulsa la eutanasia
A pesar de que el Colegio de Médicos de Quebec ha escrito en más de una ocasión al ministro de Sanidad Gaetan Barrette para que proporcione más fondos, aún no ha obtenido respuesta. "Nos habían prometido que se llevaría a cabo un plan de manera progresiva", explica el Dr. Laurence Normand-Rivest; "en cambio, dos años después, aún no ha sucedido nada. En opinión de muchos médicos, la falta de fondos obliga a los pacientes a pedir el suicidio asistido". El problema no está circunscrito a Quebec, sino que atañe a todo Canadá.

"Elija: pagar 1.800 dólares diarios o eutanasia"
Un caso emblemático es el de Roger Foley, de 42 años, diagnosticado de ataxia cerebral, patología que, lentamente, afecta a su capacidad de moverse y hablar. Según revela The Star, el hombre ha denunciado a la provincia de Ontario después de que el hospital en el que está ingresado le haya presentado una cuenta de 1.800 dólares al día para seguir recibiendo el tratamiento adecuado. Como alternativa, "me han ofrecido el acceso gratuito al suicidio asistido. Pero yo quiero vivir con dignidad, no morir".

Oregón: no le pagan la quimio, pero le ofrecen pagarle la eutanasia
Se han verificado casos similares también en los Estados Unidos, sobre todo en Oregón, donde el suicidio asistido es legal desde 1997. Es famoso el caso de Randy Stroup, diagnosticado de cáncer de próstata y al que los médicos se negaron a tratar con quimioterapia porque el tratamiento es demasiado costoso. El Estado se opuso al tratamiento, pero se ofreció a pagar todo el coste de la eutanasia. "Casi me desmayo cuando me lo dijeron", declaró Stroup en 2009. "¿Cómo es posible que no paguen el tratamiento para ayudarme a vivir y se ofrezcan asumir el coste para hacerme morir?".

California: "Con la ley de eutanasia, mi seguro no me paga"
En California, donde el suicidio asistido ha sido legalizado en 2015 (temporalmente suspendido hace algunas semanas por problemas legales), Stephanie Packer, madre de cuatro hijos, que aún vive, en 2016 vio como su seguro le negaba el tratamiento: "Antes que la ley sobre la eutanasia entrara en vigor, estaban dispuestos a pagar. Sin embargo, tras la aprobación del suicidio asistido, me han dicho que como no me quedaba mucho para vivir, no cubrirían el coste del tratamiento de mi esclerodermia", declaró al Washington Times, "pero añadieron que si elegía el suicidio asistido pagaría sólo un dólar y veinte céntimos".

Y siguen llamándola "libertad de elección”.

 por Leone Grotti en Tempi.it . Traducción de Helena Faccia Serrano

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miércoles, 6 de junio de 2018

La gran contradicción científica: el envejecimiento, ¿una enfermedad?


Mientras nos esforzamos por alargar la esperanza de vida, científicos de varios países pretenden “que el envejecimiento se convierta en una enfermedad y se puedan prescribir fármacos para frenarlo”. Si al viejo se le considera enfermo, ¿se abrirá aún más la puerta a la eutanasia?
Se supone que los avances científicos para conseguir una mayor esperanza de vida tienen como objetivo conseguir que las personas vivan más años con un óptimo estado de salud. Y, a buen seguro, eso se está logrando en buena medida.
En cualquier caso, no se acaba de entender una gran contradicción en el campo de la ciencia: “muchos científicos están trabajando para lograr que el envejecimiento se convierta en una enfermedad”, afirma uno de los defensores de esta nueva forma de contemplar las ventajas de una mayor esperanza de vida.
Si esto es así, ¿cómo se puede entender que toda la sociedad en su conjunto se esfuerce por alcanzar una mayor esperanza de vida y haya científicos que se planteen calificar el resultado de esos avances como enfermedad en lugar de hablar de rejuvenecimiento, por ejemplo?

Una etiqueta equivocada
Uno de los científicos defensores de esta nueva concepción del envejecimiento es el australiano David Sinclair, biólogo y conocido profesor de genética que lleva a cabo sus investigaciones sobre los mecanismos que subyacen al envejecimiento y cómo modularlos en su laboratorio de la Universidad de Harvard.
“Muchos científicos están trabajando con los gobiernos de sus países para lograr que el envejecimiento se convierta en una enfermedad y se puedan prescribir fármacos para frenarlo”, aseguraba en declaraciones a Diario Médico publicadas este miércoles, 16 de mayo. Entre las naciones a las que se refería Sinclair, hay que destacar a Estados Unidos, Australia, Reino Unido y Singapur.
Este científico considera que la agencia estadounidense de medicamentos (FDA) está teniendo una actitud favorable a esta nueva tendencia y cree que la primera molécula indicada para tratar el envejecimiento podría ser la metformina. “Buena parte de los científicos que trabajan en este ámbito ya están tomando metformina. […] Yo lo hago y no tengo diabetes. ¿Por qué debería esperar a estar enfermo?”.
Ante los avances en este campo de la ciencia, Sinclair hace la siguiente propuesta: “si todo el mundo llegase a viejo a los 200 años, pero usted empezase a envejecer a los 70, ¿no sería eso una enfermedad?”.

“El envejecimiento no es una patología”
Sin embargo, no son pocos los científicos que consideran erróneo este planteamiento. María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y Alejo Efeyan, coordinador del Grupo de Metabolismo y Señalización Celular del mismo centro, piensan que “el envejecimiento no es una patología, sino que está en el origen de múltiples enfermedades”, una forma de plantear la cuestión alejada de los postulados de Sinclair y otros científicos que piensan como él.
Blasco reconoce que fármacos como la metformina se están empezando a ensayar para paliar algunos efectos adversos asociados a la edad avanzada, pero no cree que sea prioritario modificar la actual concepción.
“La prioridad es aprender del envejecimiento para desarrollar estrategias terapéuticas que ayuden a frenar una progresión que ahora mismo no sabemos cómo parar”, asegura.

El resveratrol, superado
Según la información de Diario Médico, Blasco y Efeyan son dos de los organizadores de la reunión Marcadores del envejecimiento a escala molecular, celular y de todo el organismo, del CNIO y la Fundación “la Caixa”, que se ha celebrado en Madrid y ha contado con la participación del mencionado David Sinclair y la bióloga molecular Cynthia Kenyon, de la Universidad de California, que también es vicepresidenta de la compañía Calico, respaldada por Google.
Sinclair, conocido por sus estudios sobre los efectos del resveratrol en distintos modelos animales de envejecimiento, asegura que, actualmente, “hay fármacos que se están probando en humanos que son mil veces más potentes que el resveratrol”, como el compuesto MIB-626, que ya se está evaluando en un ensayo de fase I.
Los inicios de este investigador están ligados al descubrimiento de las sirtuinas, unas enzimas asociadas al envejecimiento. “Sabemos que la dieta y el ejercicio son saludables. Los genes de las sirtuinas son los responsables de esos beneficios”, añade Sinclair.
“Cuando tenemos hambre o hacemos ejercicio se activan esos genes. Por eso, las sirtuinas pueden constituir dianas terapéuticas para activar las defensas naturales del organismo frente a las enfermedades. […] Queremos conseguir lo mismo en personas” explica.
Por su parte, las conclusiones de la investigación de Kenyon, que se basa en unos genes distintos, DAF-2 y DAF-16, van en la misma línea de las obtenidas por Sinclair.
La científica ha tomado como organismo modelo al gusano más famoso en el mundo científico, el diminuto Caenorhabditis elegans. Una de las principales ventajas de trabajar con él, según la científica, es que vive muy poco, en torno a tres semanas. Así, la observación del envejecimiento en este animal y la manipulación de su ADN mostró que “modificando el gen DAF-2 se podía duplicar su longevidad”, señala.

¿Rejuvenecer o enfermar?
Sin embargo, sin entrar a cuestionar el aspecto positivo de todos estos avances, aunque aún es pronto para constatar los efectos rejuvenecedores en humanos, los planteamientos de Blasco y Efeyan sobre cómo conceptualizar el objeto de estudio de los actuales avances científicos para paliar los efectos negativos del envejecimiento se acerca más al concepto en positivo de “rejuvenecer” que al de “enfermedad”.
De hecho, nunca antes se había llegado a alcanzar edades tan avanzadas como ahora con un óptimo estado físico. En un pasado no tan lejano, sobrepasar los 50 era prácticamente sinónimo de vejez, y si se alcanzaban los 75 era un caso extraordinario.
Al mismo tiempo, lo que antes se consideraba una ventaja importante, en el sentido de que el anciano era proveedor de conocimiento, ahora se pretende que pase a ser un inconveniente calificado como enfermedad.
En ese sentido, ¿por qué nos empeñamos tanto en prolongar la esperanza de vida si solo conduce a convertirse en una enfermedad?

¿Otra puerta abierta a la eutanasia?
No está de más alertar sobre otro posible efecto negativo de considerar el envejecimiento como una enfermedad. Si al viejo se le considera enfermo, ¿no abriría este nuevo concepto una puerta más a la legalización de la eutanasia?
Al respecto, en dos países que han hecho bandera de la eutanasia, Holanda y Bélgica, el número de pacientes que han sido eutanasiados en los últimos años está aumentando de forma preocupante.
Hasta tal punto esto es así que, a finales de enero de este año, dos responsables de evaluar la eutanasia en estos dos países dimitieron ante el aumento de casos injustificados.
En suelo holandés, las muertes por eutanasia en 2017 rondaron los 7.000 casos, incluso con algún paciente que no lo había solicitado; mientras en Bélgica la ley permite que se pueda aplicar sin límite mínimo de edad. En los dos países, enfermos mentales y deprimidos, entre otros casos, están en el punto de mira de la eutanasia.
Con este escenario como ejemplo, ¿sería una buena decisión calificar el envejecimiento como enfermedad?

por FERRAN ESTEVE / F.L., 2018

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6 modos en los que se introduce la eutanasia en la sociedad y 3 consecuencias de su legalización


La eutanasia avanza lentamente, pero en países de no muchos habitantes como Holanda ya provoca más de 6.000 muertos anuales

En países como Holanda o Bélgica es ya una realidad desde hace años y, se han visto ya los excesos de una normativa que ha asustado incluso a algunos de los que la promovieron.
Los argumentos para defender la eutanasia suelen ser similares en todo el mundo: la autonomía del paciente, evitar el encarnizamiento terapéutico, tener una muerte digna... Estas son palabras que salen a relucir en el debate sobre si se debe legalizar o no. La plataforma Vida Digna, centrada en la lucha contra la eutanasia y el suicidio asistido, desmonta estos pseudoargumentos y también alerta de las consecuencias en las sociedades en las que ya es legal:

6 modos de introducir la eutanasia en la sociedad

1. Exaltación sin límites de la autonomía del paciente
Este es en este momento el modo más frecuente de defender y proponer la legalización de la eutanasia, que ya no se centra tanto en la muerte por compasión como en el autonomismo, en el que se exige un supuesto derecho a decidir la muerte en el lugar, el tiempo y el modo en el que uno decida, obteniendo además la cooperación del médico.
Los expertos en Bioética recuerdan que a la autonomía es preciso darle su más pleno sentido, por lo que es importante recordar que no existe un “derecho a la propia muerte”.
Del mismo modo, esta autonomía del paciente tiene que ir de la mano de la experiencia y buena práctica médica. Por lo tanto, crear un antagonismo entre la autonomía del paciente por un lado y el profesional sanitario por otro conduce a un grave daño personal y social.
Por otro lado, no puede considerarse la autonomía del paciente como un asunto meramente individual de cada paciente, pues conlleva repercusiones indirectas y efectivas en el resto de pacientes. En la práctica, la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido tiene un efecto pedagógico en otros pacientes como una respuesta ante sus propias circunstancias.
Y además, alertan de que no es posible establecer como derecho algo que colisiona con el deber de terceros, en este caso los médicos, cuya obligación es cuidar y preservar la vida.

2. Evitar el encarnizamiento terapéutico
La obstinación terapéutica es una falta deontológica, pero este hecho no puede ser utilizado por los grupos proeutanasia para pedir la retirada del soporte vital básico como es la hidratación y nutrición que se debe administrar como cuidado a todo paciente con dependencia.
En estos momentos es importante recordar que no es encarnizamiento terapéutico la alimentación e hidratación que se necesita para vivir, y que, por eso mismo, es considerado un cuidado básico.

3. El interés social y el principio económico  de relación coste/beneficio
No es un argumento del que se hable directamente sino que está oculto pero muy presente. Así, detrás de algunas campañas a favor de la eutanasia se ocultan razones de gasto público.
Procurar proporcionar el mayor bien al mayor número de personas, según los recursos disponibles, es importante en cualquier política sanitaria. Pero no puede servir para encubrir una mentalidad eugenésica.

4. Una “muerte digna”
Este es uno de los términos más utilizados y con el que más se intenta blanquear la eutanasia.  En caso de grandes sufrimientos se llega a plantear hasta como un acto de misericordia.  Todo un eufemismo que lo que busca es dar muerte. Ante esto, varias preguntas: ¿No estarán más bien buscando una salida rápida para resolver el problema? ¿No hay más dignidad en la valentía de afrontarlos, solicitando los recursos necesarios y encontrándolos?
¿No es exigible al Estado una respuesta más acorde a la auténtica dignidad de la persona (apoyo familiar, bajas laborales de cuidadores, desarrollo de unidades paliativas de calidad, recursos psicológicos, sociales, rehabilitadores, etc...) ¿No es esa la función del Estado para una muerte digna auténtica, garantizar una vida digna hasta el final?

5. Una defensa de la calidad de vida
En muchas ocasiones pedir la eutanasia es una señal de un cuidado insuficiente. El paciente tiene dolor, miedo de lo que pueda pasar, está angustiado o se siente solo. En estos casos, la eutanasia no es la solución sino una señal clara de necesidad de mejora de la atención.
Calidad de vida no debe ser un criterio para determinar si se puede terminar la vida, más bien debe entenderse como un deber social de atención paliativa de calidad.

6. Una opción más para las personas
Desde el punto de vista práctico, la apertura a esta opción de suicidio asistido significaría, paradójicamente, una enorme constricción del ejercicio de la libertad. Porque  elegir la muerte no es una opción entre muchas, sino el modo de suprimir todas las demás opciones.
Por otro lado, no es desdeñable el desencadenamiento de una fuerte presión social, sutil o abierta, para que las personas ancianas o con grandes enfermedades y deficiencias se vean conducidas a elegir esta opción.

3 consecuencias de la legalización de la eutanasia
1. En las sociedades en las que se legaliza
En países como Holanda o Bélgica, sus habitantes en un alto porcentaje han asumido que la eutanasia voluntaria es algo aceptable. Sin embargo, esas mismas sociedades han ido aceptando, o al menos no se han rebelado, la eutanasia involuntaria a personas enfermas o ancianos. Es lo que se llama la pendiente resbaladiza. Una vez que se aprueba los supuestos son cada vez mayores. Eutanasia voluntaria provocará eutanasia no voluntaria.
Boudewijn Chabot, psiquiatra y profesor, es considerado el padre de la ley de eutanasia en Holanda, donde en 2016 más de 6.000 personas murieron debido a ella. Ahora él mismo se muestra asustado por una ley que "está fuera de control"

2. Efectos de la eutanasia sobre la actuación médica
En la legitimación de la eutanasia se induce una complicidad del médico, pues la eutanasia socava la confianza que debe presidir la relación médico/paciente, de la cual forma una parte esencial el convencimiento de que el médico no abandonará nunca a su enfermo ni nunca le infligirá ningún daño deliberado. En definitiva, se genera desconfianza cuando se es tratado por un médico que practica la eutanasia: al otorgar al médico el poder de matar al paciente éste ya no puede estar seguro de qué papel juega el médico.
Tiene lugar una pérdida de valores intelectuales y profesionales que implica el abandono por el médico de su oficio de observador científico y de protector compasivo de la vida. En efecto, la facilidad de aplicar la muerte provoca un desinterés por la toma de la historia clínica, por la ejecución de la exploración, por el rigor del juicio diagnóstico. La indicación puramente intuitiva de la eutanasia simplifica el trabajo del médico.
Tener legalizada la eutanasia conlleva una valoración diferente de la ambivalencia, la ansiedad y depresión que subyacen en una petición de muerte, pudiendo morir aterrado sin que nadie se dé cuenta de ello. La experiencia clínica muestra las fases de rechazo- negación etc. existen y  deben ser exploradas y  tratadas.  Mientras sea ilegal la eutanasia, la exploración y tratamiento con cuidado, destreza y diligencia están salvaguardados.
El paciente nos está diciendo que no quiere vivir “así” pero, no  se investigan  sus necesidades primordiales (familia, soledad, necesidades espirituales, etc.) que con los recursos  y alternativas oportunas, el paciente se encontraría satisfecho. Mientras hay vida hay esperanza de poder hacer algo que dé significado a la vida, que transforme su vida mientras dure.

3. Cambios en la investigación de enfermedades y en el avance de la Medicina
Se pondría freno inmediato al interés científico en vastas áreas. Si los que padecen enfermedades hereditarias o al que sufre la enfermedad de Alzheimer se les puede aplicar la "muerte dulce", ¿qué puede motivar estudiar las causas y mecanismos del envejecimiento cerebral o la constelación de factores que determinan la demencia?
La eutanasia no cambia a la Medicina, ni amplía el campo de la actuación del médico. La eutanasia sustituye a la Medicina, y es en el fondo, una manifestación más de la aceptación de la violencia en la sociedad de nuestro tiempo.

J.L. / ReL 2018

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