miércoles, 30 de agosto de 2017

Cinco métodos para lidiar con la adicción a los smartphones


Los móviles no son una droga pero, al igual que los estupefacientes, provocan adicción. Un psicólogo estadounidense explica por qué de produce esta adicción y cómo podemos combatirla.
La tecnología debería mejorar nuestra vida, pero en lugar de eso muchas veces lo que hace es impedir que disfrutemos de ella. Y la mayor fuente de ansiedad actualmente es un dispositivo que siempre nos acompaña.

De promedio pasamos tres horas diarias mirando el móvil, mientras que antes de la aparición de los ‘smartphones’ le dedicábamos solo 18 minutos.
Adam Alter, profesor de psicología y mercadotecnia en la Universidad de Nueva York, señaló a la revista ‘Time’ que el permanente deseo de comprobar si hemos recibido nuevos mensajes en un ‘smartphone’ es una forma de adicción.

Precisa que las adicciones no están vinculadas con el placer, sino con la mitigación de una angustia psicológica, como la soledad, las consecuencias de ser objeto de acoso o la incapacidad de conseguir que nos pasen cosas buenas en la vida.

“No importa cómo calmamos esa angustia, ya sea jugando a un juego que nos sume en un estado de distracción o tomando un medicamento: a la hora de calmar esos males psicológicos el comportamiento y las adicciones a las sustancias son muy, muy similares“, subraya el psicólogo.
Vivimos en la era de la ansiedad. Y los móviles pueden calmarla, pero al mismo tiempo son también capaces de aumentarla. Adam ofrece algunas recomendaciones para mantener control sobre el manejo de los móviles.

1. No diga “no puedo”

Para conseguir cambiar su conducta, dígase: “No miraré el móvil durante más de una hora” en lugar de “no puedo mirar el móvil más de una vez cada hora”. Adam explica que cuando decimos “no puedo” sentimos como una fuerza externa que nos dice qué podemos y qué no podemos hacer.
“La motivación y la toma de decisiones humanas funcionan mejor si sentimos que se originan dentro de nosotros. No nos gusta cuando nos dicen qué debemos y qué no debemos hacer“, precisó.
El psicólogo citó un estudio que investigó el éxito de varias mujeres que se habían propuesto hacer ejercicio físico. Aquellas que se decían “no puedo saltarme el gimnasio” tuvieron éxito solo en un 10% en comparación con el 80% de éxito de aquellas que se decían “no voy a saltarme el gimnasio”.

2. La proximidad es tentadora

Es aconsejable mantener el móvil en un lugar alejado cuando no exista la imperiosa necesidad de tenerlo a mano. Dejarlo en el rincón opuesto de la habitación es una buena opción. “Este método es más eficaz que resistir al deseo de mirarlo teniéndolo cerca”, comentó Adam.
Pero si necesitamos tener cerca el móvil, se pueden desactivar todas las notificaciones no importantes. Por ejemplo, el sonido que notifica la entrada de un mensaje. De esta manera “en vez de que sea el móvil el que le diga ‘míreme’ será usted quien decidirá cuándo hacerlo”.
“Le quita de esta manera el control a su móvil y lo retoma usted mismo“, explicó Adam.

3. Establezca un máximo de tiempo

¿Quería echar solo una ojeada al móvil y se ha quedado enganchado a la pantalla más de una hora? ¿Chequea su email, Facebook, Twitter e Instagram… e inmediatamente los vuelve a chequear? Los psicólogos describen este fenómeno como ‘bucle lúdico‘, una sensación similar a la que producen las máquinas tragaperras.
Este bucle sucede cuando una persona se sume en una experiencia adictiva que la sumerge en un estado hipnótico de tranquilidad que le obliga a realizar una misma acción una y otra vez. Este estado de bienestar dura hasta que algo la distrae.
Lo que hay que hacer es asegurarse de que esta interrupción sea planeada de antemano, de tal manera que no caigamos en el bucle durante tres horas.
Adam recomienda usar el cronómetro de cuenta atrás, presente en cualquier teléfono móvil, para marcarnos el máximo de tiempo que queremos permitirnos estar pegados al móvil.

4. Reemplazar el hábito

Otra manera de evitar mirar tanto el móvil es dejar bien lejos el aparato y poner cerca un libro. De esta manera sustituimos una mala costumbre con una buena. Cuando le entren ganas de chequear el móvil, abra el libro.
Otra variante es borrar Instagram del móvil después de comprobarlo, lo cual le obligará a volver a descargárselo para ver las actualizaciones. También podemos colocar el ícono de Kindle en el centro de la pantalla. Así, cada vez que tomemos el móvil de manera automática nos será más fácil leer un libro que entrar a Instagram. De esta manera chequear el móvil se convierte en algo bueno.

5. Doctor Jekyll, prepárese para la llegada de Mr. Hyde

En esa famosa obra el protagonista sabe que va a convertirse en un monstruo por la noche, por lo que se encadena en el sótano y atranca la puerta para no poder salir de él. Tomando decisiones inteligentes de antemano para lidiar con un problema, usted se asegurará de que no va a hacer nada tan estúpido como chequear su móvil de manera obsesiva.
¿Le han invitado a cenar en casa de unos amigos y sabe que si se lleva el móvil a la mesa tendrá la tentación de comprobarlo constantemente? Entonces déjelo en su abrigo y tendrá que combatir la pereza para levantarse de la mesa cada cinco minutos.

RT, noticias / Gta., 2017

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Los niños hoy son menos creativos y menos innovadores que hace veinte años y ésta es la causa


Los niños y adolescentes se vuelcan en el móvil y la Tablet,  si no se les educa en un tipo de ocio distinto que fomente la creatividad y el esfuerzo.

A los problemas educativos específicos que plantea la vida moderna (escaso tiempo de convivencia padres-hijos, fractura familiar, pérdida del sentido de autoridad en la escuela) se han unido en los últimos años los derivados de la implantación de las redes sociales y las nuevas tecnologías como ámbito habitual de ocio para niños y adolescentes.
Reflexionando sobre todo ello, el experto Leonard Sax, médico de familia y psicólogo y fundador de la National Association for Single Sex Public Education [Asociación Nacional para la Educación Pública Diferenciada], ha escrito en First Things un revelador artículo (El colapso de la autoridad) sobre la importancia de educar los deseos de los hijos para que maduren, en vez de abandonar a los hijos a sus inmaduros deseos. Sus palabras, a continuación:

El Science Talent Search [Búsqueda de Talento Científico] es la principal competición para estudiantes de bachillerato en Estados Unidos. Suele denominársela “el Premio Nobel junior”. Según un reciente estudio, el 83% de los 40 finalistas de 2016 eran hijos de inmigrantes. Catorce tenían padres de la India; 11 tenían padres de China. Así que 25 de los 40 finalistas, un 62%, tenían padre indios o chinos. (Para contextualizar el dato: solo en torno al 2% de los niños en Estados Unidos tienen padres de la India o de China.) Otros finalistas venían de Chipre, Irán, Japón, Singapur, Corea del Sur, Taiwán y Nigeria.
En el centro, la ganadora del primer premio (250.000 dólares) del Regeneron Science Talent Search 2017, Indrani Das, de 17 años. A su izquierda, Aaron Yeiser, de 18 años, segundo premio. A su derecha, el tercero, Arjun Ramani, también de 18.
La cobertura de los grandes medios sobre este informe se ha centrado en la necesidad de fomentar la inmigración a Estados Unidos desde países como India, China y Corea del Sur. No he visto que ninguna cobertura haya planteado, ni menos aún respondido, la cuestión de por qué los niños de origen estadounidense están ahora infrarrepresentados en las filas de la innovación. Este patrón no se limita a ganadores de concursos científicos. Ha habido un auténtico colapso de creatividad entre los niños de origen estadounidense. Los niños norteamericanos son ahora menos creativos y menos innovadores que los de hace solo veinte años.
He sido médico en Estados Unidos desde hace más de treinta años. Hoy le oigo decir a menudo a los padres norteamericanos: “Yo solo quiero que mi hijo sea feliz”. Por desgracia, cuando dejas que los niños norteamericanos actuales hagan lo que les hace felices, lo más probable es que el resultado sea chicas adolescentes que dedican todo su tiempo a Instagram o Snapchat, y chicos adolescentes cuyos pasatiempos favoritos son los videojuegos y la pornografía.
Como médico de familia, he visto de primera mano las consecuencias a largo plazo. Ese chico de 15 años parecía muy contento gastando su tiempo libre en lo que le apetecía. Pero 18 años más tarde, a la edad de 33, tiene una sensación creciente de que la vida debería ser algo más que videojuegos y masturbación. Vive en casa con sus padres trabajando a tiempo parcial en un empleo sin futuro. Y estalla de rabia, a menudo rabia contra sus propios padres, por razones que intenta expresar con palabras, palabras que podrían ser: ¿por qué no me educasteis para ser algo más que esto?
No sirve de nada dejar que los niños hagan lo que deseen a no ser que antes hayas educado sus deseos. La primera tarea del padre es educar los deseos de su hijo: inculcarles el deseo de algo más elevado y mejor que los videojuegos o la pornografía o las redes sociales, ya lo encontremos en la ciencia, en la música, en el arte, el deporte, en la naturaleza o en la religión. El trabajo ganador en el Science Talent Search de este año fue: MicroARN-124a exosomático: Innovadora reparación translacional de astrocitos en la astrogliosis reactiva in vitro, presentado por Indrani Das, cuyos padres llegaron a Estados Unidos como inmigrantes desde Calcuta (India). Dudo de que la señorita Das disfrutase estudiando reparación por astrocitos cuando era pequeña. Sospecho que sus padres educaron sus deseos.
Como padre, lucho diariamente contra la cultura del “Yo solo quiero que ella sea feliz”. Cada noche, le leo a mi hija de diez años de libros escritos por personas que murieron hace tiempo, intentando inculcar en ella el deseo de algo más sustancial y más duradero que Snapchat e Instagram. Me anima el ejemplo de otros padres que han tenido éxito en esta tarea.

En El colapso de la autoridad, Leonard Sax retrata algunos problemas de la educación de niños y adolescentes hoy y aporta soluciones basadas en cientos de entrevistas con padres, hijos y educadores en todo el mundo.
¡Apaga las pantallas! No dejes que a tu hija o hijo le preocupe haberse perdido el último tuit o snap. Al contrario, coge a tu hijo y sal a dar un paseo al bosque, o id juntos a un concierto, o visita un museo. No persigas la felicidad como un fin en sí misma. Persigue el arte, la música, el conocimiento, o la visión de ese precioso jilguero de cuerpo amarillo que anida cerca de casa. Y enseña a tu hijo a actuar así. Verás que la felicidad llega, espontánea e inesperada. Y ¿quién sabe? Tu hijo podría incluso ganar un premio de ciencias.

Dr. Leonard Sax, en First Things / Traducción: Carmelo López-Arias / ReL, 2017

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Obsesión de muchos jóvenes por la pornografía


Marián Ponte, psicóloga que trata con cada vez más asiduidad casos de jóvenes obsesionados con la pornografía y la recompensa de placer inmediata ha estado en el programa de Iker Jiménez para tratar un asunto que pocos se atreven a abordar. "Hay estudios que demuestran cómo la corteza cerebral se ve afectada a nivel neuronal por la exposición a la pornografía", asegura la psicóloga. "Necesitas hacer cada vez más cosas para conseguir la misma sensación, las personas pierden el control".



A pesar del grave daño que causa a los menores estar expuestos a contenidos pornográficos, en la actualidad, los niños y adolescentes pueden acceder a la pornografía online con enorme facilidad, han denunciado los analistas del programa (vea aquí el programa completo).

Uno de cada cuatro niños ya había visto porno a los 12 años
Un informe del Comité de Mujer e Igualdad del Parlamento de Reino Unido recoge resultados preocupantes de un estudio realizado con jóvenes en 2014. El estudio desvela que el 24,6% vio por primera vez pornografía online a los 12 años y el 7,3% cuando eran menores de 10 años.
El informe también indica que el programa de educación sexual de Reino Unido "Big Talk Education" ha observado un aumento de niños y adolescentes con adicción a la pornografía que incluye el caso de "una niña de tan solo ocho años".

El 10% de los consumidores de porno, menores de 10 años.
Según una investigación realizada por Bitdefender -proveedor de software de ciberseguridad- alrededor del 10% de los visitantes de las páginas web con contenido pornográfico tienen menos de 10 años.
En 2015, la NSPCC (Asociación Nacional para la Prevención de la Crueldad en la Infancia en el Reino Unido) advirtió que uno de cada diez adolescentes de entre 12 y 13 años teme ser "adicto" a la pornografía.
Más datos: un reciente estudio de la Universidad de Middlesex, en Reino Unido, muestra que la mayoría de los menores están expuestos a la pornografía online desde sus primeros años de adolescencia. Según el estudio, alrededor del 53% de los adolescentes de entre 11 y 16 años de edad han visto material pornográfico explícito en la red.

Gta. (Esp.) /12-16

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