martes, 12 de junio de 2018

¿Adolescente con problemas? Hazte trans... Así se incentiva el cambio de sexo


¿El tipo de chica que hace 15 años se dañaba con anorexia o cortes en la piel, es el que ahora se declara trans? Es difícil ser adolescente y chica, puedes desear ser chico que parece más fácil, no crecer, no cambiar... y dar el “imposible” salto transexual

La ideología de género tiene ahora una de sus principales batallas en promover lo transgénero y el “cambio” de sexo (algo que es objetivamente imposible).
Esta ofensiva para “redefinir” lo que es el sexo y la “naturaleza humana” abarca muchos ámbitos y genera "leyes de género" para promover modificaciones con hormonas y cirugía, cuartos de baño o vestuarios transgéneros o unisex, adoctrinamiento de género en los colegios, multas a quien use el pronombre equivocado ("me dijo 'ella' pero yo declaro ser 'él' y usar ese pronombre es delito de odio")...
Todo esto causa efectos devastadores en la persona que se somete a los "tratamientos" de cambio de sexo, tal y como demuestra la ciencia y también numerosos testimonios.
Pero también se produce un fenómeno nuevo: la ideología trans está empezando a chocar tanto con las feministas como con los homosexuales, y sobre todo, con las lesbianas. En general, multiplica el caos y las ocasiones de dañar a las personas.

Cuestionando la nueva ortodoxia
El estudio Transgender Children and Young People: Born in Your Own Body (Niños y jóvenes transgénero: nacido en tu propio cuerpo / http://www.cambridgescholars.com/transgender-children-and-young-people ) denuncia que hay toda una cultura que promociona, e incluso co-inventa, el cambio de sexo en niños y adolescentes.

Michael Biggs publica una reseña en Oxford Magazine del estudio realizado por la socióloga feminista Heather Brunskell-Evans (www.heather-brunskell-evans.co.uk ) y Michele Moore (una experta en educación inclusiva y editora de la revista sobre discapacidad Disability & Society).

El estudio denuncia que la sociedad occidental se ha creído, gracias a la narración repetida una y otra vez en los medios, la visión festiva de que si un niño no se siente a gusto con su cuerpo lo mejor que puede hacer es cambiar a través de una intervención médica:
-  primero con bloqueadores hormonales en la pubertad,
- luego con hormonas sexuales cruzadas
- y por último con la cirugía.

Esto está provocando que se estén disparando el número de niños que piden estos tratamientos. Sin embargo, la ciencia sabe que los sentimientos adolescentes de disforia de género ("no me siento a gusto con mi sexo") desaparecen en la inmensa mayoría de casos al llegar a la edad adulta. Investigaciones científicas constatan que el 80% de los niños o adolescentes que dicen sentirse del otro sexo se sentirán a gusto con el sexo con el que nacieron cuando pase la adolescencia.
Las autoras de este ensayo, recurren a la ciencia (la historia médica, la teoría social y la psicología del desarrollo) para desmantelar las bondades del "cambio de sexo".
Recogen, además, testimonios como el del padre de un adolescente trans y el de una mujer que se cambió de sexo para más tarde arrepentirse.
La socióloga feminista Heather Brunskell-Evans, una de las coautoras del libro, por haber cuestionado la propaganda transgénero, ha sufrido acoso y hostilidad

El joven decide hacerse trans... cuando lo ve en Internet
El libro asegura que el momento decisivo para el joven se produce en Internet. El adolescente se siente mal, raro, incómodo (como todos los adolescentes) pero en Internet encuentra un refugio en un grupo que supuestamente le apoya y entiende y le acompañará: la comunidad trans.
En el caso de las chicas es especialmente complicado. Ser chica adolescente es un fastidio: asumir la regla, la sexualidad, que algún día se puede quedar embarazada, parir, que tendrá relaciones con un hombre... Todo eso puede asustar a una niña. ¿No sería mucho más cómodo ser chico? Antes de la menstruación, del despertar sexual, ¿no era una más parecida a los chicos, y todo más fácil?
Las autores sugieren que siempre ha habido presión y confusión en las adolescentes, pero si hace una década se expresaba con la tendencia a autolesionarse (cortarse con cuchillas) o castigarse el cuerpo negándose la comida (anorexia), ahora esta tendencia lleva a mutilarse quitándose los senos y tomando hormonas que "bloqueen" lo que asusta y molesta: el ser mujer.

Mutilarse, hormonarse... ¿por qué nadie habla de los daños de por vida?
El libro rastrea igualmente las consecuencias de esta ofensiva trans. El permitir una barra libre de hormonas, tanto para menores como para adultos, tiene una serie de secuelas de las que no se hablan, y es la esterilidad permanente que pueden producir los tratamientos, que plantean cuestiones preocupantes de ética médica que no están siendo debatidas ni tomadas en consideración.

¿Eres lesbiana 'machota' sin éxito? Declárate hombre trans
Hay ramificaciones sociales en la cuestión trans que afectan al colectivo LGTB de una manera inesperada. El libro afirma que en este caso las lesbianas son las más afectadas.
Consideran probado que en nuestro días hay menos lesbianas ‘butch’ (‘machotas’) que en la generación anterior.
¿Por qué? Son mujeres "fuertes" que experimentan atracción sexual por otras mujeres, pero rechazan la feminidad delicada, suave... A ellas ahora se las anima socialmente a declararse transexuales.
Además, los espacios lésbicos están siendo invadidos por un número creciente de transexuales (hombres que dicen ser "mujeres atraídos por mujeres"), lo cual está generando ya problemas.
La corrección política es implacable: el lobby de género exige a las lesbianas aceptar y recibir a esos hombres que dicen ser mujeres lesbianas. Las que se opongan serán acusadas de excluyentes y “fetichistas vaginales”.

Presiones contra los investigadores incómodos
Los mismos investigadores son también víctimas de esta corrección política. Una de las dos autoras del informe, Heathe Brunskell-Evans, ya sufrió en sus carnes las consecuencias de no ceñirse al discurso dominante. Cuando trabajaba en la Universidad de Leicester realizó un análisis crítico sobre el cambio de sexo de Bruce Jenner publicado en Vanity Fair. Rápidamente, la universidad lo retiró tras las críticas del colectivo LGTB.
Sin embargo, las consecuencias fueron a más y la socióloga fue expulsada de la asociación de mujeres de la que era portavoz y boicoteada por alumnos del  King's College de Londres durante unas conferencias. Ella no se arredra y publica todas sus preguntas incómodas en: www.heather-brunskell-evans.co.uk


ReL., 2018

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miércoles, 7 de febrero de 2018

Transexuales reprochan la pasividad de sus médicos


Una queja muy frecuente entre quienes se han arrepentido de sus operaciones de mutilación o tratamientos hormonales para "reasignación" de sexo se dirige a los médicos que les atendieron sin ofrecer alternativas ni advertir de la posibilidad de emprender un camino psicológicamente reversible... pero físicamente irreversible.

Es cierto que el lobby LGTBI, gracias a su respaldo mediático (campañas de denigración pública de personas) y político (leyes de imposiciones y multas), intimida de tal forma a todo aquel que pueda cuestionar sus planteamientos, que un facultativo que atienda a una de estas personas puede temer razonablemente perder su trabajo y el sustento familiar si las orienta en dirección distinta a la dogmatizada por la ideología de género.

Con todo, Ryan T. Anderson, ha recogido algunos casos particularmente graves, de personas que han hecho la doble transición y formulan expresamente esa crítica. Todo ello se incluye en su libro, de aparición inmediata: “Cuando Harry se convirtió en Sally”. Respondiendo al momento transgénero. El título del libro evoca la película Cuando Harry encontró a Sally, dirigida en 1989 por Rob Reiner e interpretada por Meg Ryan y Billy Crystal, y ha sido comentado por Austin Ruse en Crisis Magazine:

MONSTRUOS MÉDICOS ENTRE NOSOTROS
Ryan Anderson ha publicado un libro con una argumentación muy extensa, razonada, meditada y llena de matices contra el movimiento y la ideología transgénero. En él también hay una condena feroz a la complicidad de los médicos y terapeutas, que se puede interpretar como un acta de acusación.
Ryan Anderson forma parte del equipo directivo de The Heritage Foundation, y es el fundador y director de Public Discourse. Anderson se licenció en Princeton y se doctoró en Filosofía Política en la Universidad de Notre Dame. Sus estudios se han centrado en el matrimonio, la libertad religiosa y últimamente la ideología de género.
Hay mucho que elogiar en el libro When Harry Became Sally [Cuando Harry se convirtió en Sally], que sale publicado en febrero, pero lo que llamó mi atención fue, sobre todo, el capítulo dedicado a las víctimas del transexualismo y su rabia genuina hacia los médicos y terapeutas que les mintieron, no les ofrecieron opciones y les causaron un daño real y permanente. No estoy seguro de que Anderson quisiera realmente expresarlo de este modo, pero en el capítulo sobre «las personas que de-transicionan» [que después de transicionar a un género no asignado biológicamente, desean volver al género con el que nacieron], la culpa de los médicos y terapeutas -que realmente parece que podrían ser procesados legalmente-, se lee en cada página.
Una chica empezó a ponerse gel de testosterona a los 18 años; al cabo de poco tiempo, empezó con inyecciones. En la universidad su «voz se rompió», sus caderas se estrecharon y sus hombros se ensancharon. Luego le amputaron sus pechos sanos en una operación chapucera que le dejó cicatrices tremendas. Anderson resalta que en todas estas interacciones con los profesionales médicos nunca fue asesorada, ni le preguntaron «por qué sentía tanto deseo de ser un hombre». Ahora dice: «Me he convertido en una mujer que parece un hombre. Siempre tendré una voz rota y ya nunca tendré pechos…». Nunca recibió asesoramiento.
Anderson afirma que es un tema común en quienes se arrepienten de su cambio de sexo: sienten como si hubieran sido presionados a llevar a cabo la transición. Dice: «Lamentan que los profesionales médicos nunca se interesaran en las cuestiones psicológicas subyacentes». Es como si sólo hubiera una respuesta a la disforia de género: tratamiento y cirugía.

Cari
Una joven llamada Cari es una de las muchas personas que han «de-transicionado» y que relatan sus historias en YouTube. Socialmente transicionó a los 15 años, empezó a tomar hormonas a los 17 y después hizo que le amputaran los pechos. «De-transicionó» a los 22.
La experiencia que tuvo Cari con los profesionales es la habitual. Un terapeuta especialista en género le recetó testosterona después de 3 ó 4 visitas. Dice: «Cuando estaba transicionando, nadie en el ámbito médico o psicológico intentó disuadirme, ofrecerme otras opciones, hacer realmente algo para impedir que siguiera adelante; sólo me dijeron que esperara a cumplir los 18…».
Cari quiere saber si hay algún otro trastorno médico en el que «entras en el despacho de un médico, le dices que te sientes de una cierta manera -que no se puede demostrar objetivamente, pero que puede estar causada por un trauma, problemas mentales o factores sociales-, y lo que recibes es un tratamiento médico que altera tu vida en cuanto lo dices».

Max
Max empezó a transicionar de mujer a hombre cuando tenía dieciséis años. Tras la terapia hormonal, le extirparon los pechos. Dice: «Durante mucho tiempo sentí que no tenía otra elección y la razón es que no se me ofrecieron otras posibilidades. ¿Cómo puede alguien dar realmente su consentimiento informado a la transición cuando cree que la única alternativa es una vida terrible que, en última instancia, puede acabar en suicidio?».
Max considera que, de alguna manera, tiene mucha suerte, porque no llegó a hacerse la histerectomía que tenía pendiente de programar. Sin embargo, afirma que la profesión médica le ha causado mucho daño. Acusa especialmente al médico que le extirpó los pechos y a lo que ella llama «el conjunto de la industria médica».

"Crash"
Una joven llamada «Crash» dice que el trauma que le produjo el suicidio de su madre, junto a lo que describe como «una misoginia interiorizada», seguramente causada por acoso, son las razones que la llevaron a la disforia de género y a su deseo de ser chico. Ni un solo terapeuta exploró estos traumas ni la ayudó a afrontarlos. Ninguno le preguntó que había detrás de su deseo de ser chico.
Afirma que los profesionales de salud mental y los terapeutas especialistas en género la dañaron. La mujer médico que la visitaba era muy empática y «la tranquilizaba», pero «me hizo tomar un tratamiento que me causó trastornos con los que aún hoy tengo que lidiar». Crash afirma que los médicos «la ayudaron a destruirme».

Carey
Alguien que apoya la Tercera Vía Trans, un hombre que intentó transicionar a mujer, afirma que el hecho que te den un tratamiento hormonal después de dos visitas en un terapeuta incumple los estándares médicos de entonces, pero no los actuales.
Carey Callahan intentó transicionar a hombre y, según Anderson, «ahora mira con consternación a los médicos que no respetaron su cuerpo, sino que lo trataron como un experimento». Anderson describe también el horror que Carey siente por «haber sido sometida, por parte de los profesionales médicos, a procedimientos tan drásticos sin tomar en considerar su confusión mental y su trauma no afrontado».
El problema es que los profesionales de salud mental, los asesores especialistas en trastornos de género, los médicos y los profesores creen que los niños que demuestran tener cualquier tipo de trastorno de género son probables candidatos a la transición. Y sólo hay una respuesta a este trastorno: tratamiento y cirugía.

Jazz
Cuando era muy pequeño, a Jazz Jennings le gustaban desabotonarse su pijama-ranita y esto significaba que quería llevar un vestido y ser una niña, por lo que su entorno actuó en consecuencia. Los ideólogos de género creen que cualquier resistencia es problemática, e incluso ilegal. Hay que mentir a los padres que se resisten y, si es necesario, avisar a Protección de Menores para quitarles al hijo en cuestión.
Esto es lo que ellos, los ideólogos, prescriben para un niño al que le gusta desabotonarse su pijama-ranita. La transición social a una edad tan temprana como cinco años. Terapia de sustitución hormonal a los dieciocho. Cirugía poco después. Ni siquiera se les ocurre informar que los bloqueadores de la pubertad pueden detener cambios corporales que nunca se recuperarán. En el libro de Anderson se cuenta de una pobre alma de treinta años que cree que puede recuperar su pubertad perdida. No puede. La pubertad acaba en la pubertad.

Medios y activistas
Anderson, justamente, no sólo acusa a los médicos, sino también a los periodistas «que, sistemáticamente, pregonan el éxito de los procedimientos de reasignación de sexo y exageran las evidencias a su favor».
Y luego están los activistas que denigran, e incluso se burlan, de las víctimas de la ideología del cambio de sexo. Zack Ford, vinculado a la izquierdista ThinkProgress y que es un verdadero acosador de Ryan Anderson, tuiteó hace poco insinuando que Walt Heyer, que se arrepiente de su cambio de sexo e impulsa la necesidad de afrontar los problemas psicológicos, nunca fue realmente un «transgénero». Ford seguramente tiene razón acerca de esto, pero sobre lo que está equivocado es que nadie es realmente transgénero, porque la mayoría de ellos luchan con problemas psicológicos subyacentes y son atraídos con engaños por terapeutas sin escrúpulos, médicos chapuceros y activistas como Zack Ford para que acepten la transición.
El transexualismo es un «contagio social», como dice una de las personas del libro de Anderson. Hemos visto estos contagios sociales antes. Hubo una época en la que la histeria llevó a quemar a las mujeres porque se pensaba que eran brujas. Hubo un tiempo, no hace mucho, en que la histeria llevó a acusar a trabajadoras sociales por falsos recuerdos de abusos sexuales implantados en los cerebros de niños por psiquiatras ideologizados.
Esperemos que llegue el día en que las víctimas de la histeria del cambio de sexo acusen a los terapeutas y médicos que, en palabras de las víctimas, destrozaron sus vidas.
Hay mucho más en los siete capítulos restantes de When Harry Became Sally. Hay que felicitar a Ryan Anderson por este importante y valiente libro, que seguramente le acarreará océanos de oprobio por parte de la izquierda sexual.

ReL., 2018

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jueves, 28 de septiembre de 2017

Un adolescente sometido a terapia de “cambio de sexo” se arrepiente dos años después



Se sometió a una terapia hormonal para feminizarse con el aval de su madre

Un adolescente australiano, con el aval de su madre, se sometió a una terapia hormonal para feminizarse, pero se arrepintió dos años después. Entrevistado en el programa de televisión 60 Minutes de Channel 9, Patrick Mitchell reveló que comenzó su terapia a los 12 años.

En esa época, dijo, “como que tienes una imagen de cómo es ser un chico o una chica, pero cuando realmente lo experimentas es bastante diferente”.

Como resultado del tratamiento hormonal al que se ha visto sometido en los últimos dos años, tras ser diagnosticado con “disforia de género”, Patrick ha desarrollado senos, los que serán luego reducidos quirúrgicamente en Corea del Sur. “Comencé a desarrollarme como una chica lo haría, que era lo que quería en ese momento pero ahora no es de mucha ayuda”, señaló.

Al ser consultado por qué le hizo darse tomar la decisión de frenar su terapia de cambio de sexo, Patrick señaló que “me di cuenta de que puedo ser feliz sin cambiar totalmente quién soy”.

La cirugía de reducción de senos, dijo, será “probablemente el paso final en volver a ser normal”, para poder así dejar de usar ropa holgada y poder “nadar y practicar deportes”.

ACI, 2017

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miércoles, 20 de septiembre de 2017

La competencia deportiva entre mujeres y hombres transexuales es injusta


Explica que si se toma a un varón y suprime su testosterona y le da estrógeno, desde un punto de vista biológico sigue siendo un hombre feminizado en lugar de una verdadera mujer.
  
El Dr. Paul Hruzes profesor asociado de pediatría, endocrinología y diabetes, así como profesor asociado de biología celular y fisiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, de acuerdo con el sitio web de la universidad. Está afiliado al St. Louis Children's Hospital, afirmó que los atletas biológicamente masculinos que compiten como «mujeres» son realmente «machos feminizados en vez de verdaderas hembras», a pesar que pasen por procedimientos médicos para tener sus niveles de testosterona artificialmente reducidos.
«Es realmente importante saber que mientras las hormonas [ciertamente] desempeñan un papel en el rendimiento atlético, al dar una hormona femenina y suprimir la testosterona normal en el hombre, hay muchos aspectos de la biología fundamental que no cambian», dijo Dr. Paul Hruz, en el «Tucker Carlson Show» de FOX News (martes 8-8-17), con la oradora Laura Ingraham en sustitución de Carlson. Ingraham presentó el tema destacando el caso de la «mujer» transgénero Jillian (antes John) Bearden, un atleta que hizo la supuesta «transición» de «hombre a mujer» y que actualmente compite en eventos profesionales de ciclismo femenino.
«El estudio de individuos que han tenido una manipulación artificial de sus niveles hormonales -y cómo influye a largo plazo en su desempeño en el atletismo y otras áreas- es en gran parte desconocido, y se suele tener la impresión de que ocurre a nivel genético en cada célula y en todos los tejidos del cuerpo», dijo Hruz, «pero muchos de estos cambios no son atribuibles al solo uso de hormonas».

Niños víctimas de la ideología de género
Hruz es también co-autor de un informe en la revista, The New Atlantis , «Growing Pains», que trata de la creciente tendencia de los niños «transgénero» (a menudo con la aprobación de sus padres) que buscan hacer la «transición» a un «género» de sexo opuesto, y la débil justificación científica de este fenómeno.
Ingraham hizo referencia a un estudio, similar a un informe británico de 2016, que muestra un aumento dramático en los últimos años en niños menores de edad tratados en clínicas por disforia de género. Así, mientras uno los atribuyen a «un gran negocio» otros alegan que se debe «solo a que las personas son más libres para expresarse».
Hruz respondió: «Hay mucha preocupación, porque muchos niños que normalmente habrían realineado su identidad de acuerdo con su sexo biológico ahora están avanzando en el tratamiento hormonal».
Ingraham señaló que algunos niños que están siendo alentados a llevar a cabo la transformación «transgénero» supuestamente al sexo opuesto son niños muy pequeños, incluso de cuatro, cinco o seis años de edad: «Estos son niños pequeños que todavía andan en la calle tomados de la mano, pero están tomando algunas decisiones bastante importantes».
Hruz estuvo de acuerdo en afirmar ese curso de acción que finaliza en la cirugía está influyendo en el desarrollo y la «trayectoria que estos niños normalmente tendrían», por lo que debe ser investigado.

Efectos en el deporte
Ingraham describió las actuales reglas del Comité Olímpico Internacional que permiten que las personas (biológicamente nacidas o no) compitan como «mujeres» siempre y cuando su nivel de testosterona se mantenga en un umbral mínimo durante un año antes de la competencia y le preguntó al Dr. Hruz: ¿Tiene sentido para usted médicamente?»
«Lo que es cuestionable sobre toda esa filosofía», que no ciencia…, respondió, es que mientras los niveles hormonales sí tienen alguna influencia, «hay muchos otros componentes relacionados con ser un hombre o una mujer. Y así, si usted toma a un varón y suprime su testosterona y le da estrógeno, realmente, desde un punto de vista biológico sigue siendo un hombre, un hombre feminizado en lugar de una verdadera mujer».

LifeSiteNews/InfoC. 2017

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miércoles, 30 de agosto de 2017

Le hicieron creer que era trans pero cayó en depresión e intentó suicidarse: hoy vuelve a ser chica


Familia desestructurada, adolescencia complicada, propaganda transexual en internet, mal diagnóstico médico y todo tipo de facilidades para cambiar de sexo sin un análisis exhaustivo. Este es el coctel que vivió Zahra Cooper, una joven de 21 años que se hizo transexual y que ahora quiere volver a ser chica, aunque las consecuencias de todo lo que ha hecho son muy palpables y difícilmente reversibles.
El caso de esta neozelandesa no es único y lo ocurrido con Cooper muestra la existencia de numerosas circunstancias que no se tienen en cuenta y que marcan la vida de estos jóvenes para siempre. La ideología pesa en muchos casos más que la propia salud de estas personas.
Su caso ha sido publicado en un extenso reportaje en The New Zealand Herald (1) y muestra el sufrimiento que ha pasado, con dos intentos de suicidio incluido, por un camino que nunca tendría que haber hecho.

De familia desestructurada y timida

Las secuelas todavía son muy visibles en Zahra, que se muestra triste porque todavía siguen confundiéndola con un chico. La cantidad de hormonas que tomó mantienen algunos efectos muy visibles como la gravedad de su voz.
Nació niña y desde pequeña era muy tímida, un rasgo que aumentó más en ella cuando sus padres se separaron y cambió de ciudad. En la adolescencia no encontraba su sitio y prefería quedarse en casa ante su dificultad para hacer amigos. Ahí empezaron sus dudas: “siempre he luchado con mi identidad de género, siempre me preguntaba si yo era un niño o una niña”.

Los vídeos de Youtube por los que decidió ser trans

A los 14 años con su cuerpo desarrollándose a toda velocidad vivió su momento más complicado, que venía marcado por sus problemas de sociabilización. Así fue como empezó a odiar su cuerpo.
En un principio, Zahra pensó que era lesbiana pero después se puso a navegar en internet y a ver vídeos de Youtube de transexuales. Y tras visionar todo este contenido ella se creyó que estaba atrapada en un cuerpo equivocado.

El médico autorizó que tomase hormonas

Durante los años siguientes mantuvo esta lucha hasta que pidió a su familia que dejaran de llamarla Zahra para pasar a ser Zane. Ella era ahora él y empezó a vestir como un chico. El siguiente paso pasaba por modificar su aspecto físico y ahí entraban las hormonas.
Acudió al médico local, de cuya consulta salió irritada puesto que este doctor le recordó que era mujer y que había nacido como tal. Finalmente pudo conseguir una cita con el endocrinólogo pero mientras tanto acudió a un psiquiatra ideologizado que le dijo que tenía disforia de género y que necesitaba un tratamiento hormonal. Y tras escuchar al psiquiatra, este especialista se las recetó sin ningún tipo de problemas.

Deprimida y con tendencias suicidas

Así empezó a tomar testosterona por vía oral y más tarde mediante inyecciones. Los cambios físicos se iban dando en su exterior pero la felicidad prometida no llegaba. Es más, tenía cambio de humor, mucha irritabilidad y depresión. “Tenía una voz más grave, vello facial y muchos otros cambios pero yo no estaba contenta con ellos. No me sentía yo”, cuenta en el reportaje.
Las cosas iban de mal en peor. La insatisfacción iba creciendo hasta que ocho meses después tocó fondo e intentó suicidarse. Lo intentó hasta en dos ocasiones. Su abuelo la encontró en coma tras una sobredosis y gracias a eso pudo salvar la vida.

La visita a otro psiquiatra

Viktor Rakich, el abuelo con el que vivía desde los 14 años tras el divorcio de sus padres, cuenta que “cuando ella pasó a esas pastillas, la vi ir cuesta abajo, pero nadie me creyó”. Tras los intentos de suicidio la obligó a ir a otro psiquiatra distinto al que le diagnosticó disforia de género.
El abuelo de Zahra confieas que nunca vio claro el programa de hormonas al que se sometió su nieta
Aquí se produjo la clave y el nuevo cambio de vida de Zahra. Tras un exhaustivo examen ella fue diagnosticada no de disforia sino de un principio de Síndrome de Asperger, una variante del Autismo.

Ahora empezaba a entender toda su historia

Entonces pudo entender su gran timidez en su infancia y adolescencia. En ocasiones los Asperger tienen problema con su identidad de género debido a su pensamiento de blanco o negro y en el que buscan las razones por las que no encajan en un determinado lugar. Por ello, muchas de estas personas acaban siendo empujadas a la transexualidad al ser diagnosticadas con disforia, aunque realmente no sea ese su problema. Precisamente, lo que le ocurrió a esta joven.
Tampoco nadie le había dicho que la gran mayoría de adolescentes que dicen no sentirse a gusto con su sexo acaban aceptándolo una vez pasada la pubertad.

La frustración tras haber sido diagnosticada erróneamente

Todo esto lo vio posteriormente en internet tras su visita al nuevo psiquiatra. También visionó de nuevo vídeos en Youtube de personas trans que habían dejado de serlo para volver a su sexo natural. Y decidió que tenía que seguir el camino de vuelta. Aunque las secuelas durarían por mucho tiempo. Además, tenía el problema añadido de haber empezado a salir con otro joven transexual. Pero su decisión de volver a ser chica era firme.
Lo más frustrante para ella es pensar  que de haberle detectado antes el síndrome de Asperger no habría pasado por todo este proceso que tanto sufrimiento le ha hecho pasar y hubiese recibido ayuda especializada desde el colegio. Y como consecuencia, “me hubiera entendido más a mí misma”.
Ahora ella es feliz y sonríe, algo que no hacía cuando tomaba testosterona. Pero a partir de ahora tendrá que vivir con algunas de las consecuencias que tiene el haber tomado esta hormona en grandes cantidades. Su voz grave es un ejemplo y su potencial esterilidad es otra. Pero ya no existen en ella tendencias suicidas porque está a gusto con su sexo. Es ella.

J. Lozano / ReL, 2017

(1) http://www.nzherald.co.nz/nz/news/article.cfm?c_id=1&objectid=11847330

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Manifiesto sobre la transexualidad


Quiero decir que en la especie humana solo existen dos sexos, y no porque lo diga yo, o porque me guste particularmente ese número. La mayoría de las especies biológicas presenta una reproducción sexuada, y esa forma de reproducción solo utiliza dos sexos, no cuatro, seis ni ocho. Existen excepciones, desde luego, como la bipartición en organismos microscópicos o el hermafroditismo en algunos insectos y peces. En la especie humana, sin embargo, es un hecho biológico que los sexos son dos. Habitualmente se les llama varón y mujer.

Se habla de hermafroditismo en humanos, pero no es un tercer sexo sino una condición patológica que afecta al proceso de gestación. El hermafroditismo en humanos es una enfermedad, porque la reproducción en nuestra especie se produce por el encuentro de dos sexos, ni más ni menos. Es por lo mismo que en nuestra especie los niños tienen pene y la niñas vagina.

También quiero decir que el cambio de sexo en los humanos es imposible. El sexo viene determinado por el código genético repetido en cada célula de nuestro cuerpo, y no por características visibles a simple vista. Si un varón se afeita la barba cada día, no deja por eso de ser varón. Tampoco si se somete a una vasectomía, aunque en adelante no podrá realizar una de las funciones propias de su sexualidad masculina. No es menos hombre un varón que sufre una castración ni la mutilación de su pene. Un varón sigue siéndolo aunque le falte vello facial, testículos o pene, porque el sexo viene determinado por el material genético y no depende de características exteriores, que pueden estar presentes o no. Otro tanto se puede decir de una mujer, que no deja de serlo por sufrir una mastectomía, ni esterilidad, ni hirsutismo, ni ninguna otra condición médica.

Cualquier mutilación del cuerpo, voluntaria o no, no modifica el sexo de una persona, pues el sexo es una realidad biológica, donde la psicología no juega ningún papel.

Por su parte, los géneros en español son tres: masculino, femenino y neutro. El género es en realidad, una categoría lingüística referida a la concordancia entre las palabras y que, si el sujeto tiene sexo, debe coincidir con él. El género además cambia según los diversos idiomas que existen en el mundo.

Hay personas que, teniendo un sexo, desean que se las trate como si pertenecieran al otro, o a ninguno. Ellas pueden haberse sometido a intervenciones de auto mutilación ya, pueden que esperen hacerlo en un futuro próximo, o que no quieran hacerlo nunca. Como ciudadano, reconozco que pueden auto mutilarse sin que nadie se los impida, aunque como cristiano tengo el derecho a juzgar como inmoral toda mutilación (voluntaria o no). Solo pediría que no se usen recursos públicos para una intervención que solo afectará el aspecto de una persona, es decir, esencialmente cosmética. También les reconozco el derecho de vestirse como deseen y realizar las actividades que quieran. En otros tiempos eran los hombres quienes usaban taco alto, peluca y vestidos largos y elaborados, hoy lo hacen las mujeres. A la mayoría de los hombres les gusta el fútbol, pero no dejan de serlo los que no. Eso cambia según las modas y no tiene ninguna importancia.

Así como reconozco el derecho de quienes se mutilan y visten de forma poco habitual, a hacerlo, exijo que se me respeten ciertos derechos. Exijo que se respete mi derecho a manifestar la realidad como la veo, y a no ser castigado por eso. Si una persona se ve como mujer la trataré como tal, porque no ando preguntando a cada mujer que veo en la calle si ese es realmente su sexo. En cambio, si veo a un hombre vestido como mujer, tengo el derecho a tratarlo como lo que es, un hombre, y no ser castigado por ello. Si mi percepción de la realidad molesta a otra persona, pero no provoca ningún daño, no corresponde ningún castigo ni discriminación por parte del Estado. Y no, el daño psicológico no es daño para estos efectos. La vida en sociedad nos exige tolerar a las personas que no están de acuerdo con uno.

Vulnera la libertad de expresión y de conciencia obligar a toda una comunidad escolar a tratar a una persona de cierta forma. El Estado que impone esas sanciones lo hace en pos de una ideología determinada acerca de la sexualidad de los seres humanos, lo que es ilegítimo pues viola la neutralidad del Estado en materias científicas. Es absurdo que el Estado asuma como propia una “política de género", porque la sexualidad de las personas es un asunto privado, que los ciudadanos deben ejercer sin injerencia del Estado.

Finalmente, si tengo un amigo o amiga en esa situación, puede que acceda a sus deseos y lo trate como una persona del otro sexo. Eso es una cortesía (como decirle que un vestido no te hace ver gorda) y no otorga derechos a nadie.

P. Acevedo, InfoC. 2017

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martes, 8 de agosto de 2017

Un médico deja claro que no es posible el cambio de sexo


 El médico Jaime Vierna, patólogo del hospital “Virgen de los Lirios” de Alcoy, y máster en bioética por la Universidad Católica de Valencia, escribe una carta a los transexuales, que ha enviado a Religión Confidencial, desde el más profundo respeto pero alertando de posibles decepciones.

“En 1979 dirigió José Luis Garci una película casi olvidada que tituló “Las verdes praderas”. Contaba la historia de un hombre que, en su aspiración por alcanzar una posición social que le prometía una vida despreocupada y feliz, sacrificó cuanto fue necesario. Alcanzó, finalmente, el objeto de su deseo, y descubrió entonces que la realidad no se correspondía con lo que él había esperado: había corrido tras un señuelo, y al final del largo camino se encontraba sólo con la decepción y el dolor por las ocasiones de felicidad perdidas. El argumento quedaba resumido en el lamento del protagonista: -¡”Me han engañado, coño! ¡Me han engañado!”.

La enseñanza de esta película es aplicable a infinidad de situaciones reales de nuestra vida, pero me viene a la cabeza estos días con insistencia cuando considero la condición “transexual”, levantada recientemente como bandera de concepciones sociales encontradas. Ahora, cuando se atenúan ya los ecos de la refriega, quisiera considerar despacio la situación de esas  personas que no se encuentran “en casa” con su cuerpo masculino o femenino, y buscan la manera de cambiar las cosas. Por respeto a ellos y a su dolor quizá merezca la pena considerar las cosas con cierto detenimiento, no vayan a encontrarse, al final de un camino profundamente traumático, repitiendo el lamento del protagonista de “Las verdes praderas”.

¿Qué les ofrecemos hoy a estas personas para mejorar su situación? En esencia, hormonas y cirugía. De los cuatro aspectos de la diferenciación sexual –cromosómico, hormonal, genital y psíquico-, esos tratamientos persiguen adaptar dos de ellos al último. Evidentemente, la dimensión cromosómica del sexo resulta, para nuestras posibilidades, “incorregible”, pero las  hormonas proporcionan los caracteres sexuales secundarios deseados, y la cirugía sustituye un pecho prominente por otro plano, y elimina los órganos genitales vividos como “ajenos” para sustituirlos por unos falsos y disfuncionales, pero acordes con el sentimiento de la persona (ya que, como sabemos, los hombres tienen pene y las mujeres tienen vulva).

Preparación del cambio de sexo
Sólo que resolver esta “fractura” de la persona no es tarea fácil, y ni siquiera es cierto que así vayamos a conseguirlo. La cirugía de “cambio” de sexo no es un procedimiento menor: exige una preparación previa, física y psíquica, físicamente costosa y humanamente traumática, y, tras exponerse a riesgos de salud nada desdeñables, se alcanza, en el mejor de los casos, sólo la “apariencia” de los genitales deseados. Que resultan, además, disfuncionales, y que van a condenar a esta persona a la esterilidad: una sexualidad herida.

Los nuevos órganos genitales no son lo deseado por el paciente, no resuelve su situación. Y, frecuentemente, tras ese largo y complicado proceso en busca de la plenitud, se encuentran donde no querían. Y, lo que es peor: sin espacio para el arrepentimiento, sin billete de vuelta. Hay algunos ejemplos dramáticos en los que la propia persona (el interesado, la víctima) ha optado por eliminarse físicamente, más incapaz que antes de reconciliarse con su nuevo estado.

Camino sin retorno
Verdaderamente, si nos enfrentamos a este problema con los ojos abiertos y sin prejuicios, con sincero deseo de ayudar, tenemos que reconocer que lo que se les ofrece ahora a los transexuales es una mala solución. Y la razón es que los órganos sexuales no son la causa del problema. Son sólo la manifestación exterior de una realidad más profunda, que se enraíza en el núcleo del ser de esa persona, y a la que no podemos acceder. Por eso no funciona: porque eliminar una manifestación no elimina lo manifestado en ella. Por eso no conseguimos transformar a un hombre en una mujer, sólo podemos transformarlo en un hombre afeminado y mutilado; y a una mujer no podemos convertirla en un hombre, sino en una mujer virilizada y mutilada. En ambos casos, la imposibilidad de una plenitud humana, la imposibilidad de la felicidad.

Debemos preguntarnos si es ésa la única posibilidad, si no es posible aspirar a otra cosa, aspirar a más. Debemos preguntarnos si no podríamos actuar, en primer lugar, sobre la dimensión psíquica, la única dimensión, al fin y al cabo, originariamente discordante. De la misma manera que actuamos en otros casos de disociación psicosomática. Sé que en algunos lugares se ha empezado por prohibir esa posibilidad, pero creo que no lo han pensado bien, y que se merece una consideración detenida y sin prevenciones.

En primer lugar, porque no conduce a un camino sin retorno como en el caso de la cirugía, y deja espacio para el arrepentimiento -algo profundamente humano, no lo olvidemos-; en segundo lugar, porque no cierra ningún otro camino si los resultados no son satisfactorios -no excluye, por tanto la misma cirugía, llegado el caso-; y, en tercer lugar, porque es lo único aceptable para la larga tradición médica que nos dice que debe elegirse la posibilidad menos lesiva, el mal menor. El clásico Primum, non nocere – “lo primero, no dañar”- de nuestro clásicos: lo que nuestros bioéticos llaman ahora  principio de no-maleficencia: no poner las cosas peor”.

AlF / RC (edit), 17

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